¿Qué ángel me estará esperando al morir?
DEMASIADO FUROR
Lean, miren y escuchen
martes, agosto 11, 2026
lunes, agosto 10, 2026
Deje de scrollear: resista
Deje de scrollear: resista
La clave está en no engancharse.
Nunca sé en qué día estoy.
Nunca sé la hora en que vivo. Me oriento por el devenir del mundo. Tengo
un instinto, sé que son las últimas horas o las primeras, de acuerdo a la
luminosidad, sé que día es de acuerdo a la velocidad en la que nos estamos
moviendo.
Sábados y domingos paz, lunes, martes, miércoles, estrés.
Jueves y viernes la curva de la relajación, intemperancia y satisfacción. Yo
pretendo estar en paz.
Tener paz significa en mi caso, ausencia de emociones,
estoicismo. Nada importa, todo pasará. ¿Por qué concentrar energía en lo que
está siendo transitorio? Aplico mis propios hábitos. No espero a correr a la
mera hora, preparo lo que necesitaré para que no me esté apresurando. Esto es
sabiduría. ¡Momento: la cosa es…calmada! [Clavillazo Dixit]
Para mí, tener paz significa ausencia de emociones,
estoicismo. Nada importa, todo pasará. ¿Por qué enfocarse en lo transitorio?
Sigo mis propios hábitos, no dejo las cosas para última hora, me preparo con
antelación. Eso es sabiduría.
El deseo nos motiva, pero también nos controla. Anhelamos,
nos ilusionamos con la fantasía, lo inalcanzable, la otra orilla. El deseo nos
hace sentir insatisfechos, hambrientos. Por eso aplico la frase atribuida a San
Francisco de Asís: "deseo poco, y lo poco que deseo, lo deseo poco".
Estar o querer estar en todas partes al mismo tiempo
resolviendo todo, genera tensión.
La adultez trae consigo múltiples responsabilidades, que
parecen todas importantes. A diario me bombardean con grupos de WhatsApp,
clases, familia, trabajo, eventos, emergencias, memes, chismes, música,
deportes, amistades, vecinos, lectores, exalumnos, ventas, noticias, puras
ventas, ventas y noticias, etc. Todos los días me desconecto, pero algunos son
persistentes. Como si fuera una pieza clave en una maquinaria compleja.
Desactivo las notificaciones. No me interesan. Lo primordial es la paz.
El universo seguirá existiendo, con o sin mi atención. El
mundo seguirá su curso, conmigo o sin mí.
La gente busca siempre ser más. Algunos estilos de vida son
salvajes. El comercio, la competencia y la voracidad lo invaden todo. Las
personas compiten constantemente, ¿quién tiene la pantalla más grande, el
último modelo de coche, la cámara de celular más potente, las mejores
vacaciones, el mejor salario, la mejor pareja? Nada llena el vacío, sentirse
completo viene de adentro, todo es subjetivo. No se puede encontrar la
felicidad fuera de uno mismo.
Cuando interactúo con otros, si me equivoco, pido disculpas.
Si es otro quien yerra, lo dejo pasar. Evito las discusiones, solo me defiendo
cuando es necesario. A veces, me encuentro con personas que parecen buscar
conflicto en todo momento, como si llevaran "Disputo siempre, sobre lo que
sea" tatuado en la frente.
Así como silencio grupos y desactivo notificaciones en el
celular, en la vida hago lo mismo con personas irracionales. Recorro el mundo
quitándole poder a las energías negativas. Me reservo el derecho de no permitir
la entrada de individuos amargados a mi vida, al igual como los restaurantes se
reservan el derecho de admisión.
No necesito que un experto diagnostique si el estrés limita
mi capacidad de respirar, observar y actuar. Sesga mi comportamiento,
convirtiéndolo en ansiedad y depresión.
Si reconozco la existencia de la prisa y la urgencia, es
porque es preferible construir hábitos, erigir barreras que protejan de la
locura que lleva a la deriva.
La vida moderna nos empuja a anhelar lo inalcanzable,
perdiendo así nuestra concentración. Estamos como el personaje de una canción
de rock que en su verso dice: "En una noche de luna, debajo de la cama
salió un diablito loco buscando una guitarra. Y bailaba y cantaba, y rascaba y
gritaba, y decía: ¿Dónde diablos la guitarra se quedó?"
En esta y en todas las economías, atender o no atender es la
respuesta. Deje de scrollear, resista el
algoritmo, rechace lo gratuito. Distinga lo que está compitiendo por su
atención.
Desengánchese del deseo cada que pueda. Viva el aquí y el
ahora. La felicidad siempre ha estado en nuestro corazón, pero disfrutamos
volviéndonos locos buscándola en todas partes.
#EsdrasCamacho
domingo, junio 07, 2026
¡Qué bien me cae Guillermo!
Es sábado, hemos ido en familia a acompañar a mi hijo a
presentar un examen de admisión a un conocido instituto académico en el
municipio de Trinitaria.
En lo que concluye nos vamos a Comitán que está a una
distancia en tiempo de Diez minutos, o menos. Al llegar mis hijos vamos al
parque, a degustar las tradicionales viandas en el atrio de la plaza central.
Allí me dice la nena que la lleve a la librería Porrúa, yo le digo sí, pero
antes, tómame una foto, así como que no me doy cuenta, acá, bajo la sombra de
un nogal, frente al Centro Cultural Rosario Castellanos.
Compartí la foto en el Facebook y vamos a la librería, allí
desembolso la cantidad monetaria respectiva de tres libros, que mis hijos han
pedido, yo no pude darme el gusto de elegir ninguno. Nos metemos de nuevo al
auto y enfilamos de nuevo a Trinitaria.
Consulto el celular y
leo el mensaje de Guillermo en el WhatsApp. En él, me comparte su ubicación, y
escribe —Tengo café y desayuno, por si gustas: ¡Visítame! Le contestó que luego de recoger a mi hijo, volveré.
Una hora después, ya de nueva cuenta la ciudad, mientras mis
hijos recorren los aparadores de los negocios en el centro histórico, voy a su
encuentro.
Afable como siempre me recibe con un abrazo vigoroso,
caminamos y elogio su la belleza de su residencia, la amplitud de los espacios
es cinematográfica, el decorado es auténtico, una casona de aquellas de los
señores acomodados en el Comitán del siglo diecinueve.
Ya instalados, me comparte “Los viejos no me simpatizan,
siempre estoy juntándome con la juventud, de allí me nutro, de allí extraigo
nuevos aprendizajes, tenemos tanto que ponernos al corriente”.
Me cuenta que le preguntan sus contemporáneos—¿Por qué no
vienes al parque todos los días y te reúnes con nosotros para platicar? A lo
que él, les responde con prontitud: —Porque me aburre su plática.
Me lo dice y recuerdo un episodio ¿Qué leí, o vi en alguna
película?, donde una pareja de ancianas, no participaba del juego de mesa de los
demás en un asilo, y ellas con sequedad educada expresaban: “No jugamos, porque
no tenemos tiempo”. Y cuando sus cuidadores, le aclararon que allí tenían tiempo
para todo, ellas volvieron a afirmar: “No, no tenemos tiempo, es decir no nos
queda nada para desperdiciarlo, tenemos mucho que ver, que hablar, que caminar”.
Guillermo sabe que somos instantes, no podemos desperdiciarlo
en los recuerdos. Si, la memoria es buena, el pasado genial, las experiencias
han sido maravillosas, pero, siguen aconteciendo, hay tantas, están renovándose
como los peces en el estanque.
—Me choca la gente que dice “En mis tiempos” … y yo pienso
¿Cuáles tiempos? Mientras vives son también tus tiempos. Leo el periódico para
entretenerme, no para encontrar la esquela de algún conocido o la mía propia, y
derramar lágrimas de nostalgia. No podemos estar orillados, rezagados, apilados
esperando el cierre del telón.
Me comparte una gran cantidad de información. Es un
especialista en el manejo de datos para moldear tendencias de opinión y
construir liderazgos electorales exitosos. Su manera de conversar combina
asertividad, empatía y sencillez; el tiempo transcurre sin que lo perciba. Le
agradezco que, en esta época marcada por la prisa irracional de la
productividad, donde el ocio se desprecia y solo quienes poseen verdadera
riqueza se permiten el lujo de atender al otro, haya dedicado su atención a
este diálogo. Consulto el reloj y veo que ha pasado una hora y media, recuerdo
que tengo aún pendientes que resolver allá afuera. Nos despedimos.
—Vente con tu familia un día de estos, y les preparo una buena
recepción también para ellos. —Dice al despedirnos.
Confirmo: que bien me cae Guillermo.
miércoles, junio 03, 2026
Mi etapa como taxista
Corría el año 2006 y trabajaba en asuntos gubernamentales,
cumpliendo un horario de oficina. Un aspirante a político se quejó de quedarse
sin chofer de taxi para el fin de semana. Yo estaba libre y, en un impulso, le
dije: —¿Qué tal si me apunto?
Al principio me miró incrédulo, pero luego aceptó: —Pasa por
la llave esta noche. Así, desde las primeras horas del sábado, me encontré
manejando por las calles, sintiéndome un rey del volante.
“La práctica hace al maestro”, como solía decir un primo. Y,
en efecto, solo hace falta saber conducir, cambiar marchas y mantener la mirada
atenta.
Ese día llevaba un pequeño reproductor de música y escuchaba
“Eran las diez con cuarenta piloteaba mi nave […]”. Los taxistas son excelentes
observadores, conocen cada bache, cada badén, al igual que la vida de las
personas. Desarrollan un olfato para detectar posibles clientes y saben cuál es
el mejor momento y lugar para buscar trabajo.
Yo iba de norte a sur, de este a oeste, trazando una equis
en mi Tsuru de pintura descascarada, con su característico ruido al andar.
El dueño del taxi me dio algunas indicaciones: llevarlo con
el tanque lleno y limpio a las diez de la noche. Nada más. Pero no mencionó que
tenía unos cuantos fallos. El primero fue cuando se reventó un neumático en una
calle poco transitada.
Tras comunicárselo por teléfono, mandó a otro de sus
conductores con una rueda de repuesto. Sin embargo, por la tarde, el auto no
arrancaba al girar la llave. Al consultarle de nuevo, me dijo que lo arrancara
empujándolo. ¿Cómo se hacía eso? Trata de no apagar el vehículo y, si lo haces,
asegúrate de estar en una bajada para arrancarlo en segunda. Eso es encenderlo
“al clutchazo”.
Acepté el reto esperando vivir una historia al estilo del
cine de oro mexicano, quizás algo similar a las canciones de Arjona en
"Historias de taxi". Pero en lugar de eso, me encontré enfrentando
contratiempos, como apagar el auto en el lugar incorrecto.
Un señor me pidió el servicio, y en un tope se apagó, me
dijo, no te apures, yo soy chofer de taxi, levanta el cofre, le dio unos
golpecitos a la marcha y el auto encendió, bajó el cofre y pudimos avanzar.
—¿No sabes cómo se le hace? Negué con inocencia real.
Una pareja se estaba guareciendo de la lluvia en el marco de
una puerta, cuando me vio, me pidió que los llevase. La lluvia se soltó con
fuerza y pasó que, al pasar un tope, el vehículo se apagó. Le dije que buscara otro taxi y que
disculpara. —No, no es difícil, yo soy chofer de taxi, ya se que tiene,
préstame tu paraguas. —No tengo. Pensé que se iría pero él insistió, se bajó
del auto bajo los chorros de agua, abrió el cofre e hizo el milagro de que
arrancara, se volvió a meter, todo empapado. Al llegar a su casa me pagó la
cuota por el traslado.
Más tarde entregué el vehículo con su propietario, aún tuvo
la osadía de preguntar —¡Qué te avientas otro turno mañana! —Nel, aquí termina
mi carrera como taxista.
domingo, mayo 31, 2026
Ya nada era recuperable.
—"Si pudiéramos tener otra vida, sería como un sueño, simplemente decidir irnos a otra vida al dormir, cumplir con nuestras responsabilidades y vivir nuestra otra existencia, para despertar luego en esta vida real como si nada hubiera pasado".
Eso le había expresado ella con una candidez inusitada. Desde aquel momento él había comprendido que se encontraba con una poeta, un ser excepcional, alguien con la que no te encuentras dos veces en la vida.
Por eso, a pesar de la distancia, a pesar de la incompatibilidad de destinos, había mantenido para ella, una débil llama de amor encendida, para cuando se presentase la ocasión.
Y la ocasión se había presentado, repetidas veces a lo largo de algunos años.
A pesar de las parejas que tuvieron cada uno por separado, en el transcurso de veinte años, lograron mantener viva la llama mágica del amor, del deseo y la pasión, resistiendo a la desaparición de la esperanza.
"Con nadie hago el amor como contigo", solía decir el aspirante a poeta, decidido a quedarse atrapado en ese instante efímero que sabía condenado al olvido, arrastrado por el tiempo y la crueldad del destino.
Él le confesó: "He soñado contigo durante 13, 20 años, desde que nos conocimos hace 25". Aunque ambos tenían hijos mayores, seguían siendo amantes clandestinos, comunicándose a través de correos o mensajes de WhatsApp, manteniendo vivo un amor pasado que quizás algún día recuperarían.
Pero en aquel amor se fragmentó y los encuentros apasionados del ayer, se habían transformado en instantes de café con diálogos irónicos. Desatando un intercambio de palabras cargadas de ira y resentimiento.
Ella expresaba su cansancio de siempre ser la que se esforzaba por complacer, la que adoptaba posturas injustas, lamentando no haber abierto los ojos antes para no participar en un juego desigual de afectos.
Él se confesaba "incompetente" para comprender este nuevo estilo de comunicación que ella exigía. En su inocencia, desde su perspectiva, todo era un juego, un enredo, una farsa.
Sin embargo, ya no estaban rescatando nada.
Pero ese día, él decidió que sería la última vez que se verían.
Mientras lo decidió recordó aquella vez que, estando ella comprometida, él se presentó en su casa para simular ser un pájaro carpintero. En una mañana inesperada, mientras ella se peinaba frente al espejo, desde la rama junto a su ventana, él imitó el sonido de un pájaro tres veces —shht, shhht—. Ella lo sorprendió con la mirada, pero siguió con su rutina matinal sin interrumpir su deber conyugal.
En un adiós lleno de nostalgia, le pidió que al menos soñara con él, recordando todas las noches en las que él la había soñado a ella.
Recibió como respuesta un frío "Que te vaya bien". Él se fue en silencio, mientras en su mente resonaba una canción romántica de despedida, y ella quedó sola escuchando el trinar furioso de las aves.
Varios días después, ella soñó por primera vez con él, y entusiasmada me marcó para contarle la experiencia, pero él, la había bloqueado para siempre.
Lo que siguió confirmó que nada sería recuperado ni evolucionaría. La tierna llama se había desvanecido.
jueves, abril 23, 2026
Monetiza tu vida
Hoy todo se reduce a esperar una notificación, atenderla y resolverla. Ya sea un accidente, un escándalo repentino o la improvisación de una pasarela, siempre aparece un creador de contenido dispuesto a captar la atención. Ante un apagón, un terremoto o incluso una exótica comida, ¡hay que transmitirlo!
Finalmente, nos han atrapado. Según las noticias de la ONU del 26 de diciembre de 2023, "más del 75% de la población mundial posee un teléfono celular y más del 65% utiliza internet". Nos vemos, o nos ven, a través de una pantalla, y así es como existimos.
La asistencia virtual, el streaming, los pagos digitales, las herramientas generativas con inteligencia artificial: todo eso nos seduce y seguirá haciéndolo. Los pronósticos indican una integración de la computación cuántica y la robótica avanzada para realizar cálculos ultra realistas, acelerando la productividad y la colaboración entre humanos y la inteligencia artificial.
Pero nadie habla de la ansiedad, irritabilidad, chequeo compulsivo de notificaciones, insomnio, aislamiento social y dolores físicos que produce el uso continuo del Smartphone, sin mencionar que ocurre cuando nos alejamos momentáneamente de él.
—Cada segundo sin notificaciones es como un vacío existencial. Seguro alguien ya me escribió: ‘¿Qué onda?’… y yo no estoy ahí para contestar. ¡Qué tragedia! ¡Qué escándalo! […]
¿Era este el anhelo supremo de la humanidad en el pasado cuando soñaban con el futuro? Quizás sí.
¿Qué podría salir mal? Es como si hubiera llegado el tiempo de los dioses, el paraíso de los influencers, la tierra prometida mencionada en las escrituras sagradas.
Todo esto se siente como ficción. La nostalgia nos lleva a recordar aquellos tiempos en los que las experiencias humanas no se filtraban a través de una pantalla.
La gente debe olvidar para ser feliz, olvidar que, aunque todo parezca perfecto, se está recurriendo a artificialidades para coexistir. A diferencia de la vida, la cual posee sus propios flujos de conciencia reales, es decir, una conexión entre neuronas, moléculas y átomos con energía autogenerativa, en lugar de depender exclusivamente de electricidad como la tecnología.
La película "El Show de Truman" se estrenó en junio de 1998 con la brillante actuación de Jim Carrey como protagonista. En ella, la privacidad había desaparecido; todos sabían todo sobre Truman. La película fue aclamada pero posteriormente olvidada. ¿Por qué olvidada? Porque mostraba la verdad, y la verdad deja de ser atractiva una vez revelada, ¿verdad?
Este drama nos enseñaba que la mediación tiene un propósito: evitar distracciones. Nada puede escapar al control de las industrias; todo debe marchar según lo previsto, en un ciclo infinito de monitoreo, supervisión y dirección, para un consumo eterno, una falsa felicidad y un espectáculo normalizado.
Desde 1998 hasta hoy, la ficción se ha convertido en realidad. Lo que solía parecer delirante, ahora se considera saludable. Nuestra libertad se reduce a la elección de la proveedora de servicios, lo cual nos configura y nos evita tener que elegir realmente, ya que esa sería la verdadera libertad.
Durante esos años, también se popularizó la película "Trainspotting" de Danny Boyle, recordando el monólogo de Mark Renton: "Elige la salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige pagar hipotecas a bajo interés. Elige tu piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una gama de putos tejidos...¿Y por qué iba yo a querer hacer algo así?”.
Parafraseando ahora: Elige Netflix, Amazon, Prime Video, Disney, HBO Max, Paramount, Nickelodeon, ViX. Elige Spotify, YouTube, Apple Music, Amazon Music, Deezer, Tidal. Elige YouTube Live, Facebook Live, Instagram Live, TikTok Live, Twitch.
¿Qué ha pasado con la cultura, el conocimiento y las artes? Eso ya no importa. ¿Quién necesita ir a la escuela hoy en día? Para eso está el chatgpt. En la actualidad, todo se reduce a la pantalla, a monetizar, a colaborar, a reírse, a cometer errores, a reír de nuevo, a monetizar incluso los desaciertos. Esta es una economía audaz, y "nadie lo vio venir".
Son tiempos líquidos, de pereza, de lo desechable, de lo inútil. ¿Dónde se encuentran los filósofos hoy en día, o el pensamiento crítico? Quizás terminen como objetos expuestos en un museo para nostálgicos trasnochados.
La mayoría de los influencers más destacados ni siquiera han completado una carrera universitaria, e inclusive muchos carecen de formación académica. Eso se considera algo anticuado. Ahora, simplemente debes transmitir, ya sea interesante, real o urgente; solo transmite, envía, comparte, ponle "like", suscríbete.
No puedes hablar de trivialidades; tú no comprendes. Si no te gusta la banalización de la sociedad, eres un anormal. Podrás tener TikTok, pero si no quieres hacer videos ridículos, eres un peligro para los demás. Si no lees best sellers, si no escuchas cierto tipo de música, si no sigues ciertas series, si no deseas consumir, entonces, según esta lógica, deberías estar muerto. —"No importa que no entiendas", diría el creador de contenido. "Monetiza tu vida".
Cierro los ojos y escucho… ‘ding’… ¡pero es mi imaginación!
martes, abril 14, 2026
INSATISFACCIÓN
a) —La interacción entre compañeros del arte literario
desencadena una oleada de historias, que a su vez pueden inspirar otras.
b) —Quiero perder el miedo a mostrar lo que escribo.
c) —Busco crecer como persona a través de la escritura.
Suelo cuestionar o reflexionar sobre lo que se esconde
detrás de cada respuesta. Me sorprende la habilidad que tenemos los seres
humanos para usar eufemismos, para ocultar intenciones. ¿Somos ingenuos o
habilidosos? Siempre he creído que estoy en algún punto intermedio.
Antes de iniciar la sesión, tuve tiempo de examinar
medianamente las profesiones, orígenes y pasatiempos de casi todos los
participantes. Esos detalles suelen revelar mucho sobre ellos.
¿Qué respondería yo cuando llegara mi turno?
Consideré decir: “Asistir es como ir al gimnasio; pero en
lugar de fortalecer músculos, trabajo en fortalecer mi mente.” Aunque al final,
opté por decir: —No estoy listo para responder. Por favor, que lo haga alguien
más mientras lo pienso.
Al final, nadie se percató de mi falta de respuesta.
Asistir como participante a un taller de narrativa se
asemeja a bailar en un baile rural; puedes bailar a tu propio ritmo, aunque no
seas un experto. Quizás logres imponer un estilo de moda con tu forma de bailar
o encuentres alguien que te enseñe.
“Describe en palabras la primera imagen que te venga a la
mente”, dijo el profesor. Y yo escribí sin pensarlo: Gula.
¿Por qué elegí esa palabra? No lo sé con certeza. Podría
haber escrito “hambre”, “pan”, “lluvia” o “podcast”. Siempre hay en mí un flujo
caótico de palabras, brotando de manera involuntaria y constante.
Observé lo que escribió la mujer a mi lado. En mayúsculas,
puso “INSATISFACCIÓN”. Al ver sus accesorios y elegante vestimenta, intuí una
personalidad empoderada, con desapego, pero con el anhelo de ser vista y
admirada. Me pregunté cuánto tiempo dedicaría a maquillarse y elegir su
atuendo. Si nos encontráramos, ¿qué ocurriría? ¿Le gustaría que la besara con
suavidad, o preferiría a un caballero o a un rudo en la cama?
—¿Tomamos un café, un vino, o vamos a mi habitación y
ordenamos allí? le propuse con discreción.
—Si prometes ser Rodolphe Boulanger..., será tu habitación
primero.
—¿Y quién es ese? pregunté.
—Te dejo esa tarea de investigar para la próxima sesión. Y
la siguiente, vamos por café —sugirió.
Y aquí estoy, preguntándole al asistente virtual quién es
Rodolphe Boulanger y por qué debo parecerme a él.
Al fin, que por eso me inscribí al taller, para aprender.
#EsdrasCamacho
jueves, febrero 12, 2026
La Micifuz
No recuerdo exactamente cómo llegó a casa, quizás fue un
regalo de algún familiar o amigo, pero lo cierto es que "La Micifuz"
se convirtió en parte de nuestro hogar, como una princesa y reina.
Era una gata gris, mestiza, como la mayoría, con ojos claros
y serenos. Su expresión variaba entre la de una esclava necesitada y la de una
heroína de mil batallas. Ella era solo mía, me había elegido como su amigo.
Pasaba horas interminables cepillándole el pelaje,
acariciándole la barriga o simplemente contemplando sus bigotes.
Cuando regresaba de la escuela, se acurrucaba en mis
rodillas o en mis tobillos de forma terapéutica. Un mar de ronroneos nos
envolvía, como si nos perteneciéramos mutuamente. La alzaba del suelo como si
fuera un juguete, y sus ojos se encontraban con los míos, creando un bello
instante compartido.
Todo parecía sacado de un cuento, hasta que un nuevo
integrante llegó a nuestro hogar.
La llegada de la nueva integrante transformó nuestra
fantasía. Mi hermana recién nacida llenó nuestros corazones de ternura; de
repente, toda la atención se volcó hacia ella. Se convirtió en el centro de
nuestros pensamientos y movimientos.
Como todos, tuve que cambiar mis rutinas; la niña se
convirtió en la niña de mis ojos y en mi hermana.
La Micifuz, despechada pero dispuesta a perdonar, intentó
acercarse a mí dos o tres veces, o quizás muchas más, pero yo ya no tenía tanto
tiempo para dedicarle mimos, ya que prefería atender a la niña. No la estaba
evitando, simplemente estaba priorizando.
Entonces comenzó una batalla entre La Micifuz y la niña.
Intentó varias veces meterle la cola en la boca a la bebé, lo cual reprendí
inmediatamente. Luego, llegó a orinar en la ropa de la niña y a vomitar o
defecar en la cuna.
Como consecuencia de su comportamiento, la alejé con una
escoba. Esto provocó que La Micifuz desapareciera durante unos días; al
regresar, mostraba signos de desgaste: con legañas, delgada, ojerosa, dejó de
comer, perdió peso y pelo, deteriorándose lentamente. A pesar de las vitaminas
recetadas por el veterinario, su salud no mejoraba. Se acurrucaba en rincones
donde no la pudiéramos encontrar y, de vez en cuando, emitía maullidos
lastimeros.
En su último día, se escondió bajo mi cama, ensuciando el
suelo con sus heces y exhalando su último maullido. Así me enseñó una lección,
haciéndome comprender el afecto obsesivo que los animales pueden llegar a
sentir hacia nosotros.
No volvimos a tener gato en casa.
Donde descansan las estrellas
De niño a veces escuchaba en charlas de pasillo la palabra “sistema”, casi siempre terminaban con un “No puedes contra el sistema, así funciona” —¿A qué se refieren con el sistema? Me pregunté y la respuesta me vino sola. “El sistema” es un conjunto de procesos que limitan e impiden el crecimiento personal.
El “sistema” está diseñado para sostener inmovible el
sistema, así los que están en una posición cómoda evitarán que los que deseen
transformarlo, logren su objetivo. “El
sistema” te va desengañando, no puedes innovar, no puedes transgredir, no
puedes disentir.
Aunque alguien crea que podrá pasar de oprimido a liberado,
en realidad no será así, pasará de nivel, pero mantendrá el flujo de ideas del
anterior estadio, porque el sistema ha penetrado profundamente su pensamiento y
acción.
Vivimos en una enajenación, actuando mediante un modelo de
comportamiento dirigido por “El sistema” allí donde grupos empresariales
globales definen y planean el consumo y estilo de vida de la humanidad. Suena
Conspiranoíco, pero no lo es.
Existen múltiples creencias erróneas que hemos aceptado sin
cuestionamiento. Entre ellas, la idea de que la obtención de un título
académico asegura de manera automática el éxito; que el esfuerzo sostenido
garantiza alcanzar la cima profesional; que la jubilación constituye el
verdadero inicio de la vida plena; o que modificar ciertos aspectos personales
asegura cumplir con expectativas sociales como el matrimonio antes de los
treinta años.
Esta narrativa mantuvo obediente a una generación que cifró
sus esperanzas en el futuro. Pero no siempre los resultados fueron
satisfactorios para todos. La interacción social reveló los fallos y errores de
este estilo de vida, esfuerzo guion recompensa. La recompensa no fue feliz del
todo.
De esto va la trama del libro “Donde descansan las
estrellas” de Eduardo Briones, publicado en el 2026 por la Editorial Soconusco
Emergente en Tapachula Chiapas. Allí el autor a través de la ficción y la
metáfora nos plantea la insuficiencia, hipocresía e inoperancia de aquellos
sueños que ingenuamente nos hicieron creer. “El jefe siempre tiene la razón,
guarda dinero en el banco, enfócate en ser el mejor en una sola cosa” etcétera.
El libro nos transporta a la idea de los “tiempos líquidos”
de Zygmunt Bauman, donde nada parece tener valor porque todo es efímero. El
avance deja atrás a quienes no logran seguir el ritmo, los lazos humanos se
diluyen, emprender se convierte en una ilusión sin esperanza y la norma es que
lo que hoy resulta útil, mañana deja de serlo. Nadie nos preparó para enfrentar
este escenario violento, excluyente y fragmentado.
La fragilidad del “sistema” impacta directamente en las
emociones de las personas, pues no fuimos diseñados para ello ni crecimos
imaginando que seríamos reducidos a sujetos-objetos. Esta dinámica eleva
nuestros niveles de cortisol, genera ansiedad y nos empuja hacia la
desorientación.
La vida es como un videojuego, tendremos que luchar por
sobrevivir en la vida real, sabedores que, en algún momento, si no tenemos
acceso a los nuevos códigos, quedaremos anulados. Si te decepcionas, es que no
estás entendiendo las reglas del juego.
Entre la nostalgia por lo que nunca llegó a consolidarse y
el vértigo de aquello que jamás acontecerá, la obra nos confronta con la
vulnerabilidad de la condición humana en un contexto marcado por la
transitoriedad.
En esta brutal tormenta ¿podríamos hallar la paz? …El lector
experimentará una maraña de sensaciones antes de responder con claridad, esta
interrogante.
¿Será el descanso una imposibilidad en estos tiempos?
#EsdrasCamacho
martes, diciembre 09, 2025
Luigi Malerba
En voz de un extraordinario lector, en el taller de Lectura “Tiza Barro y Carbón” escuché una historia que, según sé, fue escrita por Luigi Malerba… evoco y parafraseo.
Eran dos jóvenes llamados Petronio y Margarita, que vivían en un ambiente rural a finales de 1940. Ambos eran amigos, pero él deseaba que su amistad se convirtiera en romance.
Petronio le dijo: —¿Quieres ir a misa conmigo?
Ella respondió que no.
—Si me dices que no, me corto un dedo.
—Pues córtatelo —le respondió ella.
En ese momento, él cumplió su promesa, regresó a casa, se puso gasas y vendas para detener la sangre. Al ser llamado a cenar, bajó con la mano en el bolsillo, pero no pudo ocultar que le faltaba un dedo. Cuando su padre lo enfrentó, Petronio se justificó diciendo que fue porque Margarita no quiso ir a misa con él. El padre miró a la madre y le dijo: —Haz algo antes de que este loco termine por cortarse todos los dedos.
Pero la madre no intervino.
Y volvió a suceder,
Petronio le dijo de nuevo a Margarita: —Vamos a misa… y si dices que no, me corto otro dedo.
Ella le contestó: —Pues ve quitándotelos todos.
Él aumentó la apuesta. —Entonces me quitaré la cabeza.
(Aquí pienso que Petronio debía de ser un poeta y no lo sabía, un artista queriendo expresar su arte. Todos tenemos algo de músico, poeta y un poco de locura).
Durante un tiempo no se vieron y ella creyó que él había comprendido que no eran el uno para el otro.
Yo escuchaba, pero a veces, como suele suceder, me quedo estancado en una escena, como si no pudiera procesarla, no sé si ella se fue, se casó, murió, no sé… tampoco recuerdo por qué no quería ir a misa con él. (Ja ja ja, ir a misa, al menos hubiera sido algo distinto). El caso es que la narrativa avanzaba y yo hacía conexiones con otras historias.
Aquella de Van Gogh y su oreja… o la petición de la bailarina Salomé a Herodes de la cabeza de Juan Bautista en una bandeja de plata, la cual fue entregada por un verdugo, algunas estrofas populares de “para qué digo estas cosas, aunque suenen tan hermosas si no he de cumplirlas” y también tuve referencias a los slogans de “obras son amores y no buenas razones”. En fin, más adelante conecté con la historia cuando ya había avanzado.
Con el paso del tiempo, Petronio, quien se tomó muy en serio aquella frase de que lo prometido es deuda, estuvo algunas veces pastoreando rebaños, no por necesidad, sino para llevar a cabo su plan. Visualizó los horcones, descubrió unos artilugios, comprobó el filo de un hacha que, impulsada por un resorte, caería en el lugar correcto. Preparó el instrumental, colocó su cabeza en la posición prevista y, con la mano libre, soltó el resorte que hizo caer el hacha para decapitarse... Su último pensamiento fue: —Qué efectivo resultó todo... lástima que Margarita no esté aquí para presenciarlo y confirmarlo.
Basado en el relato del libro *El Descubrimiento Del Alfabeto/Luigi Malerba*
martes, diciembre 02, 2025
Galardón Carlos Jurado
No existimos sin la mirada del otro. Nos mata la indiferencia, el olvido. Por eso el arte es importante. El arte es la pluma del ángel de la piedad que nos cae en las manos y nos sorprende.
Uno de los recuerdos más fascinantes que conservo de mi
breve estancia en Tuxtla Gutiérrez es la amistad con Maux. Las tardes en que,
acomodado en su diván, veía cómo sus inseparables gatos y perros rondaban la
sala o se acurrucaban en mis pies y pantorrillas, mientras leía hojas de
periódicos atrasados de “El País”, saltándome los titulares de política y
deporte para alcanzar la sección de cultura y degustar profundas crónicas o
entrevistas a filósofos, cantantes, cineastas y escritores, entre otros. A
través de la ventana se filtraban los débiles rayos crepusculares y el
reverberante trinar de los zanates en los árboles de la avenida central.
Esperar la conclusión de esas prolongadas lecturas, haciendo
un silencioso acompañamiento, interrumpido solo para servirnos más café,
encender un cigarro o dedicarnos una mirada; ese instante irrepetible está
nítido, lucido y vívido en mi memoria.
Entre “buenas” y “buenas noches”, cambiar de lectura, de
bebida o de actividad... ¿Qué más quedaba por hacer? Charlar, ver una película,
destapar un vino, comer algún bocadillo, salir a caminar, ir a una
presentación, conocer a más gente.
Dejé Tuxtla en el año 2021, pero allí se quedaron varias
amistades: locutores, maestros, poetas, brillantes fotógrafos, escritores
laureados, filósofos urbanos, personajes de novela y de cine; todos artistas.
Y cada vez que podía, volvía a casa de María Auxilio, en
aquel domicilio donde permaneció muchos años, en la avenida central, entre las
calles 14 y 15 oriente. Siempre me atendió como a un hermano; a veces llegaba
debido a intermitencias y despropósitos de las rutas de transporte a deshoras
de la noche, pero siempre fui bien recibido.
Recuerdo que me ha contagiado su forma de vivir,
proveyéndome de lecturas, recomendándome películas y compartiendo unos CDs de
Real de Catorce, Leonard Cohen y La Cabra Mecánica. Es un arsenal de cultura;
una charla con ella es como una clase de posgrado.
Entre las muchas fotos que me han impactado (ella tiene un
arsenal de imágenes de sus recorridos por los cinco continentes), hay una de
ella misma en un fondo negro, en posición de suplicio, desprendiéndose un
corazón chorreante de sangre de la caja torácica y entregándoselo al
espectador.
Hace un año, nos fuimos de tour por las cafeterías de San
Cristóbal. Estuvimos en el parque central, tomando el sol, cuando se acercó un
artista callejero a vendernos unas postales y nos habló sobre la técnica de la
composición, la iluminación y el revelado de una buena fotografía. Ella y yo,
incólumes, lo escuchamos con atención. Le pagué al artista y, con María
Auxilio, nos quedamos mirando mutuamente, riendo a carcajadas: “Si supiera que
nosotros hemos dado clases de eso que él nos explicó”, y nos mantuvimos un buen
rato allí, admirando el paisaje urbano que transcurría con aparente
tranquilidad, hasta que fue hora de ir a comer, entonces nos fuimos por unas
kombuchas.
El pasado 29 de noviembre de 2025, fue reconocida por el
Gobierno del Estado de Chiapas junto a Maruch (María) Sántiz Gómez con el
galardón Carlos Jurado, y me llena de felicidad que se le reconozca, que su
arte siga inspirando a muchas generaciones. Te envío mis afectuosísimos
saludos, Maux.
lunes, noviembre 17, 2025
¿Es la IA, la felicidad que merecemos?
[Odiseas Posmodernas]
Una familia demandó o demandará a chatgpt por no haber
ofrecido asistencia y ayuda para detener los intentos de suicidio de un
adolescente con 16 años, que meses antes habría utilizado el Bot, ChatGPT-4º, para
desahogarse y manifestar sus ideas suicidas.
La inteligencia artificial, a un principio le respondió que
debía enfocarse en las cosas valiosas importantes en su vida, cuando la conversación
avanzó, respondió con frases empáticas. Se supone que el bot está entrenado
para animar al usuario a buscar ayuda profesional en caso de detectar comportamientos
anormales, pero no fue el caso, el bot, no fue preciso, ni reiteró la
advertencia de que el joven buscara ayuda con humanos.
Los padres descubrieron que habría pasado entre 8 a 10 horas
hablando de todo, con la IA. Ahora han presentado una demanda antes los
responsables de OPEN AI. Nota NYT el 27
de agosto de 2025, redactada por Kashmir
Hill.
Para poner una fecha desde el año de la pandemia, la necesidad
de uso de tecnología digital se incrementó en demasía. Ya todo es casi posible
con asistencia artificial. Por supuesto las ventajas nos remiten a la velocidad
con la que puedes crear, recrear, modificar, generar, escenarios,
entretenimiento, macroeconomía.
Las personas que no se sumen a esta oleada de transformación
quedarán rezagadas. Lo de hoy es aprender para no quedar ignorados.
Información de sobrevuelo que no profundiza en esta herida
provocada por el “Becerro de Oro” que es la inteligencia artificial. Que los
usuarios han accedido a normalizar, deducen que son hechos aislados, “solo les
pasa a los ingenuos”.
Lo que yo veo es que cuando se solicita asistencia
artificial, la sinapsis desaparece, se cede a otros, lo irreconocible,
algoritmos, datos, su ARN.
Cuando uno se enchufa, como en la escena de la MATRIX, escapas
de la realidad, pero a dónde te diriges es también la realidad, esa que se ha
salido de los entresijos cableados de la tecnología para habitarnos, para hacer
casi de todo, con y para nosotros.
En El hombre unidimensional, Marcuse critica cómo la
sociedad industrial avanzada utiliza la "industria cultural" (medios
de comunicación, cine, música popular, etc.) para integrar a los individuos en
el sistema y anular el pensamiento crítico.
“El pueblo proclama”,
la panacea para sentirse aliviado de la tortura de la realidad a través de este
moderno SOMA. Hay gratificación inmediata; aparentemente sin efectos
secundarios.
En “Un Mundo Feliz”, se explica que el consumo de soma está
socialmente normalizado y fomentado por el Estado Mundial, para evadir
temporalmente la incomodidad emocional, se distribuye “Gratuitamente”,
asegurando que la felicidad está al alcance de tus manos. (Brave New World, Ciencia
ficción, Aldous Huxley. 1932)
Ahora nuestras metas están en imaginar y crear, aun si
solamente son hologramas, aún si solo son íconos, o representaciones de
nosotros con nuestros ídolos populares en una “fotografía”, que nos redacte
[por favor]invitaciones, oficios, ensayos, tareas escolares, memorándums ejecutivos,
planes de marketing para microempresas, recetas y consejos culinarios, técnicas
del manejo del estrés, curaduría de playlists, curiosidades filosóficas, búsqueda
de ofertas, entre otras millonésimas cosas.
Se empobrece la capacidad humana, se limita. Ahora los jóvenes,
si desean saber un resultado de tres por ocho, sacan el celular y le preguntan
a meta. ¿Deseas ser un cantante, cantautor, diseñador, cineasta o compositor?,
pregunta lo que quieras, te responderán.
Como en el cuento de la lámpara maravillosa: ¡Pídelo y se te
concederá!
Es solamente el cambio de zanahoria, ya saben aquella
metáfora para ilustrar un sistema de motivación basado en recompensas y castigos,
como no alcanzamos el bienestar, seguimos explorando, tecleando frente al
monitor nuestra búsqueda de felicidad.
Es la ruptura y no.
Sigue la yunta andando, pero ¿Qué será de los desadaptados?...
¿O ya no habrá en corto tiempo resistencia?
¿Es la IA, la felicidad que merecemos?
domingo, noviembre 02, 2025
Soledad epistémica
Escribí en fechas pasadas en mi blog
¿De que no quiero hablar?
No
quiero hablar de las preocupaciones.
De
las vidas que no tuve, ni tendré.
No
de responsabilidades, arrepentimientos, mortificaciones.
No
hablaré de la rutina, de la arrogancia ajena, de mis heridas internas.
No
del pasado nostálgico, no guardo las ideas porque no las tengo.
No
de ellas, las punzadas vividas.
No
de reyes, ni reinas, fantoches, pueriles.
¿De
qué más no quiero hablar?
De
lo decepcionante que he sido para varios
De
mi formalidad en los años presentes.
No
de la escuela, ni de ninguna otra cosa semejante.
Ni
de mis influencias, malas compañías, no de mis secretos –Porque no tengo–
Ni
estadistas, astros, comentaristas.
Ni
de reencarnación o trascendencias.
Ni
límites, ni fronteras.
Un
tranvía espera por nosotros.
Mientras
nos distraemos.
Las
llamas del arte están encendidas
Yo
no quiero hablar más que de eso
De
lo eternos que nos creemos y que no somos.
Descartamos
por trivial, aburrido y desesperante.
El
frío que nos habita y la ternura del polvo.
De eso quiero hablar.
La idea me vino de una frase del poema de Jaime Sabines “Te
quiero a las diez de la mañana”, publicado por primera vez en 1977 por la
editorial Joaquín Mortiz […] “Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando
me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo
diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con
la mitad del odio que guardo para mí”.
Este es el leitmotiv del artista. Mientras que hay
verdaderos temas que impactan, afectan y trastornan nuestra existencia la gente
está feliz en las veleidades, en las estupideces, en la intrascendencia que nos
destruye, que nos hacen perder el foco para aquilatar la vida, sus lecciones,
su belleza.
Esta es su “Soledad epistémica” el no encontrar quienes
realmente entiendan sus motivaciones y pasiones.
En una conversación de sobremesa, escuché decir: “El artista
está es un genio, y el genio está tan cercano a la locura, a la idiotez”. Tiene
lógica, el artista busca construir su propio universo, encontrar alivio frente
a la violencia y a la aplastante rutina común de la mayoría.
Con la aparición de redes sociales, algunos te dan agregar
no para aprender de ti, no para interactuar, no para saludar o entablar una
comunicación, lo hacen porque el símbolo amigo de “Alguien” les da una etiqueta
de sociable, saludable, amigo, feliz y normal, esa “etiqueta” es el reconocimiento
que buscan, y obtienen según la virtualidad.
Me identifiqué con eso.
Conviene que seamos más escépticos ante las veleidades de lo
virtual, más conscientes y un poquito rebeldes con los tristes juegos de la
industria de la felicidad, la insoportable máquina de hacer amigos.



