[Odiseas Posmodernas]
¿Cuál es el parámetro para decidir quién es un buen novelista de otro?
Es subjetivo. No siento fanatismo por ningún autor, tampoco aborrezco ningún estilo, puede que tenga desagrado, pero no resentimiento. Al final el radio pasillo entre lectores importa mucho, las referencias. Un libro mal interpretado o mal reseñado puede generar abismos entre amistades literarias.
No voy a hablar de los libros que he dejado a medias, —eso es para otro post— sino de los que me leído de una sentada. Yo que para leer tengo un ritmo de un vals interruptus, en el que debo de suspender en ocasiones la lectura para procesar lo que leo, para alargar el éxtasis o para volver a un camino de ser tan irreal me estremece.
Creo que se trata de conectar, con la atmósfera, la identidad propia y la del otro, como asomarse a un espejo y el reflejo aparece o no.
Durante la presentación de "El reino de la tortura" en la Feria del Libro de la UNACH, en octubre de 2026, su autor, Alejandro Aldana, expresó: "Somos los aguafiestas. En esta literatura de aguafiestas, mostramos una parte de la historia que muchas veces preferimos ignorar en toda América Latina..." Esta afirmación resonó en mí. ¿Por qué un escritor se definiría a sí mismo como un aguafiestas?
Aldana continuó: "Nos hablan de Latinoamérica desde la folclorización, y es importante señalar que esta folclorización tiene una raíz política. Se folcloriza una cultura porque, en el fondo, hay un interés político detrás."
Un intelectual que no asume su responsabilidad de generar conciencia crítica ante el poder se convierte en un mero títere. Tiene la oportunidad de construir una línea entre la banalización y la defensa del pensamiento. Es como un futbolista que, vendido, patea sin fuerza el balón cuando se encuentra frente a la portería. Sin embargo, Aldana propone confrontar al lector con aquello que le presentan como atractivo, desafiándolo a reflexionar sobre lo que no es digno, humano ni justo.
En los últimos años, en Chiapas se ha profesionalizado el oficio del escritor, quiero decir personas que dominan el oficio han realizado una buena inversión económica en sus aprendizajes. Se puede tener el talento y las vivencias adormecidas en la memoria, pero se requiere la técnica, la maestría. De lo contrario se abusa del preciosismo, de la nostalgia y de la desunión de la realidad.
Comencé a leer “El reino de la tortura” en medio de topes, quiero decir distractores, pero en algún momento al ritmo progresivo de un rock—Punk la lectura fluyó de golpe. Tiene personajes bien definidos. Son dos artistas que, por mejorar sus ingresos, venden su talento al poder; pasan de ser de ser circenses a torturadores. Hay en novela una explicación los movimientos políticos en distintos países que comparten la misma ideología y estrategia totalitaria de gobierno.
A través de la ficción novelada nos enseña la unión entre “conservadores” o “liberales”, se concluye con un final abierto, pero con el aprendizaje de que “Los Poderosos” se miden con la misma vara, todos tienen el mismo eje.
Recordé a Elmer Mendoza y Guillermo Arriaga, autores que también he leído con voracidad.
Aldana un activista de la literatura que sacude, confronta y empodera al lector.
