jueves, abril 23, 2026

Monetiza tu vida



Hoy todo se reduce a esperar una notificación, atenderla y resolverla. Ya sea un accidente, un escándalo repentino o la improvisación de una pasarela, siempre aparece un creador de contenido dispuesto a captar la atención. Ante un apagón, un terremoto o incluso una exótica comida, ¡hay que transmitirlo!


Finalmente, nos han atrapado. Según las noticias de la ONU del 26 de diciembre de 2023, "más del 75% de la población mundial posee un teléfono celular y más del 65% utiliza internet". Nos vemos, o nos ven, a través de una pantalla, y así es como existimos.


La asistencia virtual, el streaming, los pagos digitales, las herramientas generativas con inteligencia artificial: todo eso nos seduce y seguirá haciéndolo. Los pronósticos indican una integración de la computación cuántica y la robótica avanzada para realizar cálculos ultra realistas, acelerando la productividad y la colaboración entre humanos y la inteligencia artificial.


Pero nadie habla de la ansiedad, irritabilidad, chequeo compulsivo de notificaciones, insomnio, aislamiento social y dolores físicos que produce el uso continuo del Smartphone, sin mencionar que ocurre cuando nos alejamos momentáneamente de él. 


—Cada segundo sin notificaciones es como un vacío existencial. Seguro alguien ya me escribió: ‘¿Qué onda?’… y yo no estoy ahí para contestar. ¡Qué tragedia! ¡Qué escándalo! […]


¿Era este el anhelo supremo de la humanidad en el pasado cuando soñaban con el futuro? Quizás sí.


¿Qué podría salir mal? Es como si hubiera llegado el tiempo de los dioses, el paraíso de los influencers, la tierra prometida mencionada en las escrituras sagradas.


Todo esto se siente como ficción. La nostalgia nos lleva a recordar aquellos tiempos en los que las experiencias humanas no se filtraban a través de una pantalla.


La gente debe olvidar para ser feliz, olvidar que, aunque todo parezca perfecto, se está recurriendo a artificialidades para coexistir. A diferencia de la vida, la cual posee sus propios flujos de conciencia reales, es decir, una conexión entre neuronas, moléculas y átomos con energía autogenerativa, en lugar de depender exclusivamente de electricidad como la tecnología.


La película "El Show de Truman" se estrenó en junio de 1998 con la brillante actuación de Jim Carrey como protagonista. En ella, la privacidad había desaparecido; todos sabían todo sobre Truman. La película fue aclamada pero posteriormente olvidada. ¿Por qué olvidada? Porque mostraba la verdad, y la verdad deja de ser atractiva una vez revelada, ¿verdad?


Este drama nos enseñaba que la mediación tiene un propósito: evitar distracciones. Nada puede escapar al control de las industrias; todo debe marchar según lo previsto, en un ciclo infinito de monitoreo, supervisión y dirección, para un consumo eterno, una falsa felicidad y un espectáculo normalizado.


Desde 1998 hasta hoy, la ficción se ha convertido en realidad. Lo que solía parecer delirante, ahora se considera saludable. Nuestra libertad se reduce a la elección de la proveedora de servicios, lo cual nos configura y nos evita tener que elegir realmente, ya que esa sería la verdadera libertad.


Durante esos años, también se popularizó la película "Trainspotting" de Danny Boyle, recordando el monólogo de Mark Renton: "Elige la salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige pagar hipotecas a bajo interés. Elige tu piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una gama de putos tejidos...¿Y por qué iba yo a querer hacer algo así?”. 


Parafraseando ahora: Elige Netflix, Amazon, Prime Video, Disney, HBO Max, Paramount, Nickelodeon, ViX. Elige Spotify, YouTube, Apple Music, Amazon Music, Deezer, Tidal. Elige YouTube Live, Facebook Live, Instagram Live, TikTok Live, Twitch.


¿Qué ha pasado con la cultura, el conocimiento y las artes? Eso ya no importa. ¿Quién necesita ir a la escuela hoy en día? Para eso está el chatgpt. En la actualidad, todo se reduce a la pantalla, a monetizar, a colaborar, a reírse, a cometer errores, a reír de nuevo, a monetizar incluso los desaciertos. Esta es una economía audaz, y "nadie lo vio venir".


Son tiempos líquidos, de pereza, de lo desechable, de lo inútil. ¿Dónde se encuentran los filósofos hoy en día, o el pensamiento crítico? Quizás terminen como objetos expuestos en un museo para nostálgicos trasnochados.


La mayoría de los influencers más destacados ni siquiera han completado una carrera universitaria, e inclusive muchos carecen de formación académica. Eso se considera algo anticuado. Ahora, simplemente debes transmitir, ya sea interesante, real o urgente; solo transmite, envía, comparte, ponle "like", suscríbete.


No puedes hablar de trivialidades; tú no comprendes. Si no te gusta la banalización de la sociedad, eres un anormal. Podrás tener TikTok, pero si no quieres hacer videos ridículos, eres un peligro para los demás. Si no lees best sellers, si no escuchas cierto tipo de música, si no sigues ciertas series, si no deseas consumir, entonces, según esta lógica, deberías estar muerto. —"No importa que no entiendas", diría el creador de contenido. "Monetiza tu vida".


Cierro los ojos y escucho… ‘ding’… ¡pero es mi imaginación!




martes, abril 14, 2026

INSATISFACCIÓN

—¿Por qué asistir a un taller de narrativa? —inquirió el profesor a los asistentes. Todos tenían respuestas elocuentes, inspiradoras, soberbias. Nombraré las primeras tres:

 

a) —La interacción entre compañeros del arte literario desencadena una oleada de historias, que a su vez pueden inspirar otras. 

b) —Quiero perder el miedo a mostrar lo que escribo.

c) —Busco crecer como persona a través de la escritura.

 

Suelo cuestionar o reflexionar sobre lo que se esconde detrás de cada respuesta. Me sorprende la habilidad que tenemos los seres humanos para usar eufemismos, para ocultar intenciones. ¿Somos ingenuos o habilidosos? Siempre he creído que estoy en algún punto intermedio.

 

Antes de iniciar la sesión, tuve tiempo de examinar medianamente las profesiones, orígenes y pasatiempos de casi todos los participantes. Esos detalles suelen revelar mucho sobre ellos.

 

¿Qué respondería yo cuando llegara mi turno?

 

Consideré decir: “Asistir es como ir al gimnasio; pero en lugar de fortalecer músculos, trabajo en fortalecer mi mente.” Aunque al final, opté por decir: —No estoy listo para responder. Por favor, que lo haga alguien más mientras lo pienso.

 

Al final, nadie se percató de mi falta de respuesta.

 

Asistir como participante a un taller de narrativa se asemeja a bailar en un baile rural; puedes bailar a tu propio ritmo, aunque no seas un experto. Quizás logres imponer un estilo de moda con tu forma de bailar o encuentres alguien que te enseñe.

 

“Describe en palabras la primera imagen que te venga a la mente”, dijo el profesor. Y yo escribí sin pensarlo: Gula.

 

¿Por qué elegí esa palabra? No lo sé con certeza. Podría haber escrito “hambre”, “pan”, “lluvia” o “podcast”. Siempre hay en mí un flujo caótico de palabras, brotando de manera involuntaria y constante.

 

Observé lo que escribió la mujer a mi lado. En mayúsculas, puso “INSATISFACCIÓN”. Al ver sus accesorios y elegante vestimenta, intuí una personalidad empoderada, con desapego, pero con el anhelo de ser vista y admirada. Me pregunté cuánto tiempo dedicaría a maquillarse y elegir su atuendo. Si nos encontráramos, ¿qué ocurriría? ¿Le gustaría que la besara con suavidad, o preferiría a un caballero o a un rudo en la cama?

 

—¿Tomamos un café, un vino, o vamos a mi habitación y ordenamos allí? le propuse con discreción.

—Si prometes ser Rodolphe Boulanger..., será tu habitación primero.

—¿Y quién es ese? pregunté.

—Te dejo esa tarea de investigar para la próxima sesión. Y la siguiente, vamos por café —sugirió.

 

Y aquí estoy, preguntándole al asistente virtual quién es Rodolphe Boulanger y por qué debo parecerme a él.

 

Al fin, que por eso me inscribí al taller, para aprender.

 

#EsdrasCamacho

jueves, febrero 12, 2026

La Micifuz

No recuerdo exactamente cómo llegó a casa, quizás fue un regalo de algún familiar o amigo, pero lo cierto es que "La Micifuz" se convirtió en parte de nuestro hogar, como una princesa y reina.

 

Era una gata gris, mestiza, como la mayoría, con ojos claros y serenos. Su expresión variaba entre la de una esclava necesitada y la de una heroína de mil batallas. Ella era solo mía, me había elegido como su amigo.

 

Pasaba horas interminables cepillándole el pelaje, acariciándole la barriga o simplemente contemplando sus bigotes.

 

Cuando regresaba de la escuela, se acurrucaba en mis rodillas o en mis tobillos de forma terapéutica. Un mar de ronroneos nos envolvía, como si nos perteneciéramos mutuamente. La alzaba del suelo como si fuera un juguete, y sus ojos se encontraban con los míos, creando un bello instante compartido.

 

Todo parecía sacado de un cuento, hasta que un nuevo integrante llegó a nuestro hogar.

 

La llegada de la nueva integrante transformó nuestra fantasía. Mi hermana recién nacida llenó nuestros corazones de ternura; de repente, toda la atención se volcó hacia ella. Se convirtió en el centro de nuestros pensamientos y movimientos.

 

Como todos, tuve que cambiar mis rutinas; la niña se convirtió en la niña de mis ojos y en mi hermana.

 

La Micifuz, despechada pero dispuesta a perdonar, intentó acercarse a mí dos o tres veces, o quizás muchas más, pero yo ya no tenía tanto tiempo para dedicarle mimos, ya que prefería atender a la niña. No la estaba evitando, simplemente estaba priorizando.

 

Entonces comenzó una batalla entre La Micifuz y la niña. Intentó varias veces meterle la cola en la boca a la bebé, lo cual reprendí inmediatamente. Luego, llegó a orinar en la ropa de la niña y a vomitar o defecar en la cuna.

 

Como consecuencia de su comportamiento, la alejé con una escoba. Esto provocó que La Micifuz desapareciera durante unos días; al regresar, mostraba signos de desgaste: con legañas, delgada, ojerosa, dejó de comer, perdió peso y pelo, deteriorándose lentamente. A pesar de las vitaminas recetadas por el veterinario, su salud no mejoraba. Se acurrucaba en rincones donde no la pudiéramos encontrar y, de vez en cuando, emitía maullidos lastimeros.

 

En su último día, se escondió bajo mi cama, ensuciando el suelo con sus heces y exhalando su último maullido. Así me enseñó una lección, haciéndome comprender el afecto obsesivo que los animales pueden llegar a sentir hacia nosotros.

 

No volvimos a tener gato en casa.


Donde descansan las estrellas


De niño a veces escuchaba en charlas de pasillo la palabra “sistema”, casi siempre terminaban con un “No puedes contra el sistema, así funciona” —¿A qué se refieren con el sistema? Me pregunté y la respuesta me vino sola. “El sistema” es un conjunto de procesos que limitan e impiden el crecimiento personal.

 

El “sistema” está diseñado para sostener inmovible el sistema, así los que están en una posición cómoda evitarán que los que deseen transformarlo, logren su objetivo.  “El sistema” te va desengañando, no puedes innovar, no puedes transgredir, no puedes disentir.

 

Aunque alguien crea que podrá pasar de oprimido a liberado, en realidad no será así, pasará de nivel, pero mantendrá el flujo de ideas del anterior estadio, porque el sistema ha penetrado profundamente su pensamiento y acción.

 

Vivimos en una enajenación, actuando mediante un modelo de comportamiento dirigido por “El sistema” allí donde grupos empresariales globales definen y planean el consumo y estilo de vida de la humanidad. Suena Conspiranoíco, pero no lo es.

 

Existen múltiples creencias erróneas que hemos aceptado sin cuestionamiento. Entre ellas, la idea de que la obtención de un título académico asegura de manera automática el éxito; que el esfuerzo sostenido garantiza alcanzar la cima profesional; que la jubilación constituye el verdadero inicio de la vida plena; o que modificar ciertos aspectos personales asegura cumplir con expectativas sociales como el matrimonio antes de los treinta años.

 

Esta narrativa mantuvo obediente a una generación que cifró sus esperanzas en el futuro. Pero no siempre los resultados fueron satisfactorios para todos. La interacción social reveló los fallos y errores de este estilo de vida, esfuerzo guion recompensa. La recompensa no fue feliz del todo.

 

De esto va la trama del libro “Donde descansan las estrellas” de Eduardo Briones, publicado en el 2026 por la Editorial Soconusco Emergente en Tapachula Chiapas. Allí el autor a través de la ficción y la metáfora nos plantea la insuficiencia, hipocresía e inoperancia de aquellos sueños que ingenuamente nos hicieron creer. “El jefe siempre tiene la razón, guarda dinero en el banco, enfócate en ser el mejor en una sola cosa” etcétera.

 

El libro nos transporta a la idea de los “tiempos líquidos” de Zygmunt Bauman, donde nada parece tener valor porque todo es efímero. El avance deja atrás a quienes no logran seguir el ritmo, los lazos humanos se diluyen, emprender se convierte en una ilusión sin esperanza y la norma es que lo que hoy resulta útil, mañana deja de serlo. Nadie nos preparó para enfrentar este escenario violento, excluyente y fragmentado.

 

La fragilidad del “sistema” impacta directamente en las emociones de las personas, pues no fuimos diseñados para ello ni crecimos imaginando que seríamos reducidos a sujetos-objetos. Esta dinámica eleva nuestros niveles de cortisol, genera ansiedad y nos empuja hacia la desorientación.

 

La vida es como un videojuego, tendremos que luchar por sobrevivir en la vida real, sabedores que, en algún momento, si no tenemos acceso a los nuevos códigos, quedaremos anulados. Si te decepcionas, es que no estás entendiendo las reglas del juego.

 

Entre la nostalgia por lo que nunca llegó a consolidarse y el vértigo de aquello que jamás acontecerá, la obra nos confronta con la vulnerabilidad de la condición humana en un contexto marcado por la transitoriedad.

 

En esta brutal tormenta ¿podríamos hallar la paz? …El lector experimentará una maraña de sensaciones antes de responder con claridad, esta interrogante.

 

¿Será el descanso una imposibilidad en estos tiempos?

 

 

#EsdrasCamacho