domingo, junio 07, 2026

¡Qué bien me cae Guillermo!


 


 

Es sábado, hemos ido en familia a acompañar a mi hijo a presentar un examen de admisión a un conocido instituto académico en el municipio de Trinitaria.

 

En lo que concluye nos vamos a Comitán que está a una distancia en tiempo de Diez minutos, o menos. Al llegar mis hijos vamos al parque, a degustar las tradicionales viandas en el atrio de la plaza central. Allí me dice la nena que la lleve a la librería Porrúa, yo le digo sí, pero antes, tómame una foto, así como que no me doy cuenta, acá, bajo la sombra de un nogal, frente al Centro Cultural Rosario Castellanos.

 

Compartí la foto en el Facebook y vamos a la librería, allí desembolso la cantidad monetaria respectiva de tres libros, que mis hijos han pedido, yo no pude darme el gusto de elegir ninguno. Nos metemos de nuevo al auto y enfilamos de nuevo a Trinitaria.

 

 Consulto el celular y leo el mensaje de Guillermo en el WhatsApp. En él, me comparte su ubicación, y escribe —Tengo café y desayuno, por si gustas: ¡Visítame!  Le contestó que luego de recoger a mi hijo, volveré.

 

Una hora después, ya de nueva cuenta la ciudad, mientras mis hijos recorren los aparadores de los negocios en el centro histórico, voy a su encuentro.

 

Afable como siempre me recibe con un abrazo vigoroso, caminamos y elogio su la belleza de su residencia, la amplitud de los espacios es cinematográfica, el decorado es auténtico, una casona de aquellas de los señores acomodados en el Comitán del siglo diecinueve.

 

Ya instalados, me comparte “Los viejos no me simpatizan, siempre estoy juntándome con la juventud, de allí me nutro, de allí extraigo nuevos aprendizajes, tenemos tanto que ponernos al corriente”.

 

Me cuenta que le preguntan sus contemporáneos—¿Por qué no vienes al parque todos los días y te reúnes con nosotros para platicar? A lo que él, les responde con prontitud: —Porque me aburre su plática.

 

Me lo dice y recuerdo un episodio ¿Qué leí, o vi en alguna película?, donde una pareja de ancianas, no participaba del juego de mesa de los demás en un asilo, y ellas con sequedad educada expresaban: “No jugamos, porque no tenemos tiempo”. Y cuando sus cuidadores, le aclararon que allí tenían tiempo para todo, ellas volvieron a afirmar: “No, no tenemos tiempo, es decir no nos queda nada para desperdiciarlo, tenemos mucho que ver, que hablar, que caminar”.

 

Guillermo sabe que somos instantes, no podemos desperdiciarlo en los recuerdos. Si, la memoria es buena, el pasado genial, las experiencias han sido maravillosas, pero, siguen aconteciendo, hay tantas, están renovándose como los peces en el estanque.

 

—Me choca la gente que dice “En mis tiempos” … y yo pienso ¿Cuáles tiempos? Mientras vives son también tus tiempos. Leo el periódico para entretenerme, no para encontrar la esquela de algún conocido o la mía propia, y derramar lágrimas de nostalgia. No podemos estar orillados, rezagados, apilados esperando el cierre del telón.

 

Me comparte una gran cantidad de información. Es un especialista en el manejo de datos para moldear tendencias de opinión y construir liderazgos electorales exitosos. Su manera de conversar combina asertividad, empatía y sencillez; el tiempo transcurre sin que lo perciba. Le agradezco que, en esta época marcada por la prisa irracional de la productividad, donde el ocio se desprecia y solo quienes poseen verdadera riqueza se permiten el lujo de atender al otro, haya dedicado su atención a este diálogo. Consulto el reloj y veo que ha pasado una hora y media, recuerdo que tengo aún pendientes que resolver allá afuera. Nos despedimos.

 

—Vente con tu familia un día de estos, y les preparo una buena recepción también para ellos. —Dice al despedirnos.

 

Confirmo: que bien me cae Guillermo.

miércoles, junio 03, 2026

Mi etapa como taxista

 

Corría el año 2006 y trabajaba en asuntos gubernamentales, cumpliendo un horario de oficina. Un aspirante a político se quejó de quedarse sin chofer de taxi para el fin de semana. Yo estaba libre y, en un impulso, le dije: —¿Qué tal si me apunto?

 

Al principio me miró incrédulo, pero luego aceptó: —Pasa por la llave esta noche. Así, desde las primeras horas del sábado, me encontré manejando por las calles, sintiéndome un rey del volante.

 

“La práctica hace al maestro”, como solía decir un primo. Y, en efecto, solo hace falta saber conducir, cambiar marchas y mantener la mirada atenta.

 

Ese día llevaba un pequeño reproductor de música y escuchaba “Eran las diez con cuarenta piloteaba mi nave […]”. Los taxistas son excelentes observadores, conocen cada bache, cada badén, al igual que la vida de las personas. Desarrollan un olfato para detectar posibles clientes y saben cuál es el mejor momento y lugar para buscar trabajo.

 

Yo iba de norte a sur, de este a oeste, trazando una equis en mi Tsuru de pintura descascarada, con su característico ruido al andar.

 

El dueño del taxi me dio algunas indicaciones: llevarlo con el tanque lleno y limpio a las diez de la noche. Nada más. Pero no mencionó que tenía unos cuantos fallos. El primero fue cuando se reventó un neumático en una calle poco transitada.

 

Tras comunicárselo por teléfono, mandó a otro de sus conductores con una rueda de repuesto. Sin embargo, por la tarde, el auto no arrancaba al girar la llave. Al consultarle de nuevo, me dijo que lo arrancara empujándolo. ¿Cómo se hacía eso? Trata de no apagar el vehículo y, si lo haces, asegúrate de estar en una bajada para arrancarlo en segunda. Eso es encenderlo “al clutchazo”.

 

Acepté el reto esperando vivir una historia al estilo del cine de oro mexicano, quizás algo similar a las canciones de Arjona en "Historias de taxi". Pero en lugar de eso, me encontré enfrentando contratiempos, como apagar el auto en el lugar incorrecto.

 

Un señor me pidió el servicio, y en un tope se apagó, me dijo, no te apures, yo soy chofer de taxi, levanta el cofre, le dio unos golpecitos a la marcha y el auto encendió, bajó el cofre y pudimos avanzar. —¿No sabes cómo se le hace? Negué con inocencia real.

 

Una pareja se estaba guareciendo de la lluvia en el marco de una puerta, cuando me vio, me pidió que los llevase. La lluvia se soltó con fuerza y pasó que, al pasar un tope, el vehículo se apagó.  Le dije que buscara otro taxi y que disculpara. —No, no es difícil, yo soy chofer de taxi, ya se que tiene, préstame tu paraguas. —No tengo. Pensé que se iría pero él insistió, se bajó del auto bajo los chorros de agua, abrió el cofre e hizo el milagro de que arrancara, se volvió a meter, todo empapado. Al llegar a su casa me pagó la cuota por el traslado.

 

Más tarde entregué el vehículo con su propietario, aún tuvo la osadía de preguntar —¡Qué te avientas otro turno mañana! —Nel, aquí termina mi carrera como taxista.

domingo, mayo 31, 2026

Ya nada era recuperable.


—"Si pudiéramos tener otra vida, sería como un sueño, simplemente decidir irnos a otra vida al dormir, cumplir con nuestras responsabilidades y vivir nuestra otra existencia, para despertar luego en esta vida real como si nada hubiera pasado".


Eso le había expresado ella con una candidez inusitada. Desde aquel momento él había comprendido que se encontraba con una poeta, un ser excepcional, alguien con la que no te encuentras dos veces en la vida. 


Por eso, a pesar de la distancia, a pesar de la incompatibilidad de destinos, había mantenido para ella, una débil llama de amor encendida, para cuando se presentase la ocasión. 


Y la ocasión se había presentado, repetidas veces a lo largo de algunos años. 


A pesar de las parejas que tuvieron cada uno por separado, en el transcurso de veinte años, lograron mantener viva la llama mágica del amor, del deseo y la pasión, resistiendo a la desaparición de la esperanza.


"Con nadie hago el amor como contigo", solía decir el aspirante a poeta, decidido a quedarse atrapado en ese instante efímero que sabía condenado al olvido, arrastrado por el tiempo y la crueldad del destino.


Él le confesó: "He soñado contigo durante 13, 20 años, desde que nos conocimos hace 25". Aunque ambos tenían hijos mayores, seguían siendo amantes clandestinos, comunicándose a través de correos o mensajes de WhatsApp, manteniendo vivo un amor pasado que quizás algún día recuperarían.


Pero en aquel amor se fragmentó y los encuentros apasionados del ayer, se habían transformado en instantes de café con diálogos irónicos. Desatando un intercambio de palabras cargadas de ira y resentimiento.


Ella expresaba su cansancio de siempre ser la que se esforzaba por complacer, la que adoptaba posturas injustas, lamentando no haber abierto los ojos antes para no participar en un juego desigual de afectos.


Él se confesaba "incompetente" para comprender este nuevo estilo de comunicación que ella exigía. En su inocencia, desde su perspectiva, todo era un juego, un enredo, una farsa. 


Sin embargo, ya no estaban rescatando nada.


Pero ese día, él decidió que sería la última vez que se verían. 


Mientras lo decidió recordó aquella vez que, estando ella comprometida, él se presentó en su casa para simular ser un pájaro carpintero. En una mañana inesperada, mientras ella se peinaba frente al espejo, desde la rama junto a su ventana, él imitó el sonido de un pájaro tres veces —shht, shhht—. Ella lo sorprendió con la mirada, pero siguió con su rutina matinal sin interrumpir su deber conyugal. 


En un adiós lleno de nostalgia, le pidió que al menos soñara con él, recordando todas las noches en las que él la había soñado a ella.


Recibió como respuesta un frío "Que te vaya bien". Él se fue en silencio, mientras en su mente resonaba una canción romántica de despedida, y ella quedó sola escuchando el trinar furioso de las aves.


Varios días después, ella soñó por primera vez con él, y entusiasmada me marcó para contarle la experiencia, pero él, la había bloqueado para siempre. 


Lo que siguió confirmó que nada sería recuperado ni evolucionaría. La tierna llama se había desvanecido. 





jueves, abril 23, 2026

Monetiza tu vida



Hoy todo se reduce a esperar una notificación, atenderla y resolverla. Ya sea un accidente, un escándalo repentino o la improvisación de una pasarela, siempre aparece un creador de contenido dispuesto a captar la atención. Ante un apagón, un terremoto o incluso una exótica comida, ¡hay que transmitirlo!


Finalmente, nos han atrapado. Según las noticias de la ONU del 26 de diciembre de 2023, "más del 75% de la población mundial posee un teléfono celular y más del 65% utiliza internet". Nos vemos, o nos ven, a través de una pantalla, y así es como existimos.


La asistencia virtual, el streaming, los pagos digitales, las herramientas generativas con inteligencia artificial: todo eso nos seduce y seguirá haciéndolo. Los pronósticos indican una integración de la computación cuántica y la robótica avanzada para realizar cálculos ultra realistas, acelerando la productividad y la colaboración entre humanos y la inteligencia artificial.


Pero nadie habla de la ansiedad, irritabilidad, chequeo compulsivo de notificaciones, insomnio, aislamiento social y dolores físicos que produce el uso continuo del Smartphone, sin mencionar que ocurre cuando nos alejamos momentáneamente de él. 


—Cada segundo sin notificaciones es como un vacío existencial. Seguro alguien ya me escribió: ‘¿Qué onda?’… y yo no estoy ahí para contestar. ¡Qué tragedia! ¡Qué escándalo! […]


¿Era este el anhelo supremo de la humanidad en el pasado cuando soñaban con el futuro? Quizás sí.


¿Qué podría salir mal? Es como si hubiera llegado el tiempo de los dioses, el paraíso de los influencers, la tierra prometida mencionada en las escrituras sagradas.


Todo esto se siente como ficción. La nostalgia nos lleva a recordar aquellos tiempos en los que las experiencias humanas no se filtraban a través de una pantalla.


La gente debe olvidar para ser feliz, olvidar que, aunque todo parezca perfecto, se está recurriendo a artificialidades para coexistir. A diferencia de la vida, la cual posee sus propios flujos de conciencia reales, es decir, una conexión entre neuronas, moléculas y átomos con energía autogenerativa, en lugar de depender exclusivamente de electricidad como la tecnología.


La película "El Show de Truman" se estrenó en junio de 1998 con la brillante actuación de Jim Carrey como protagonista. En ella, la privacidad había desaparecido; todos sabían todo sobre Truman. La película fue aclamada pero posteriormente olvidada. ¿Por qué olvidada? Porque mostraba la verdad, y la verdad deja de ser atractiva una vez revelada, ¿verdad?


Este drama nos enseñaba que la mediación tiene un propósito: evitar distracciones. Nada puede escapar al control de las industrias; todo debe marchar según lo previsto, en un ciclo infinito de monitoreo, supervisión y dirección, para un consumo eterno, una falsa felicidad y un espectáculo normalizado.


Desde 1998 hasta hoy, la ficción se ha convertido en realidad. Lo que solía parecer delirante, ahora se considera saludable. Nuestra libertad se reduce a la elección de la proveedora de servicios, lo cual nos configura y nos evita tener que elegir realmente, ya que esa sería la verdadera libertad.


Durante esos años, también se popularizó la película "Trainspotting" de Danny Boyle, recordando el monólogo de Mark Renton: "Elige la salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige pagar hipotecas a bajo interés. Elige tu piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una gama de putos tejidos...¿Y por qué iba yo a querer hacer algo así?”. 


Parafraseando ahora: Elige Netflix, Amazon, Prime Video, Disney, HBO Max, Paramount, Nickelodeon, ViX. Elige Spotify, YouTube, Apple Music, Amazon Music, Deezer, Tidal. Elige YouTube Live, Facebook Live, Instagram Live, TikTok Live, Twitch.


¿Qué ha pasado con la cultura, el conocimiento y las artes? Eso ya no importa. ¿Quién necesita ir a la escuela hoy en día? Para eso está el chatgpt. En la actualidad, todo se reduce a la pantalla, a monetizar, a colaborar, a reírse, a cometer errores, a reír de nuevo, a monetizar incluso los desaciertos. Esta es una economía audaz, y "nadie lo vio venir".


Son tiempos líquidos, de pereza, de lo desechable, de lo inútil. ¿Dónde se encuentran los filósofos hoy en día, o el pensamiento crítico? Quizás terminen como objetos expuestos en un museo para nostálgicos trasnochados.


La mayoría de los influencers más destacados ni siquiera han completado una carrera universitaria, e inclusive muchos carecen de formación académica. Eso se considera algo anticuado. Ahora, simplemente debes transmitir, ya sea interesante, real o urgente; solo transmite, envía, comparte, ponle "like", suscríbete.


No puedes hablar de trivialidades; tú no comprendes. Si no te gusta la banalización de la sociedad, eres un anormal. Podrás tener TikTok, pero si no quieres hacer videos ridículos, eres un peligro para los demás. Si no lees best sellers, si no escuchas cierto tipo de música, si no sigues ciertas series, si no deseas consumir, entonces, según esta lógica, deberías estar muerto. —"No importa que no entiendas", diría el creador de contenido. "Monetiza tu vida".


Cierro los ojos y escucho… ‘ding’… ¡pero es mi imaginación!




martes, abril 14, 2026

INSATISFACCIÓN

—¿Por qué asistir a un taller de narrativa? —inquirió el profesor a los asistentes. Todos tenían respuestas elocuentes, inspiradoras, soberbias. Nombraré las primeras tres:

 

a) —La interacción entre compañeros del arte literario desencadena una oleada de historias, que a su vez pueden inspirar otras. 

b) —Quiero perder el miedo a mostrar lo que escribo.

c) —Busco crecer como persona a través de la escritura.

 

Suelo cuestionar o reflexionar sobre lo que se esconde detrás de cada respuesta. Me sorprende la habilidad que tenemos los seres humanos para usar eufemismos, para ocultar intenciones. ¿Somos ingenuos o habilidosos? Siempre he creído que estoy en algún punto intermedio.

 

Antes de iniciar la sesión, tuve tiempo de examinar medianamente las profesiones, orígenes y pasatiempos de casi todos los participantes. Esos detalles suelen revelar mucho sobre ellos.

 

¿Qué respondería yo cuando llegara mi turno?

 

Consideré decir: “Asistir es como ir al gimnasio; pero en lugar de fortalecer músculos, trabajo en fortalecer mi mente.” Aunque al final, opté por decir: —No estoy listo para responder. Por favor, que lo haga alguien más mientras lo pienso.

 

Al final, nadie se percató de mi falta de respuesta.

 

Asistir como participante a un taller de narrativa se asemeja a bailar en un baile rural; puedes bailar a tu propio ritmo, aunque no seas un experto. Quizás logres imponer un estilo de moda con tu forma de bailar o encuentres alguien que te enseñe.

 

“Describe en palabras la primera imagen que te venga a la mente”, dijo el profesor. Y yo escribí sin pensarlo: Gula.

 

¿Por qué elegí esa palabra? No lo sé con certeza. Podría haber escrito “hambre”, “pan”, “lluvia” o “podcast”. Siempre hay en mí un flujo caótico de palabras, brotando de manera involuntaria y constante.

 

Observé lo que escribió la mujer a mi lado. En mayúsculas, puso “INSATISFACCIÓN”. Al ver sus accesorios y elegante vestimenta, intuí una personalidad empoderada, con desapego, pero con el anhelo de ser vista y admirada. Me pregunté cuánto tiempo dedicaría a maquillarse y elegir su atuendo. Si nos encontráramos, ¿qué ocurriría? ¿Le gustaría que la besara con suavidad, o preferiría a un caballero o a un rudo en la cama?

 

—¿Tomamos un café, un vino, o vamos a mi habitación y ordenamos allí? le propuse con discreción.

—Si prometes ser Rodolphe Boulanger..., será tu habitación primero.

—¿Y quién es ese? pregunté.

—Te dejo esa tarea de investigar para la próxima sesión. Y la siguiente, vamos por café —sugirió.

 

Y aquí estoy, preguntándole al asistente virtual quién es Rodolphe Boulanger y por qué debo parecerme a él.

 

Al fin, que por eso me inscribí al taller, para aprender.

 

#EsdrasCamacho

jueves, febrero 12, 2026

La Micifuz

No recuerdo exactamente cómo llegó a casa, quizás fue un regalo de algún familiar o amigo, pero lo cierto es que "La Micifuz" se convirtió en parte de nuestro hogar, como una princesa y reina.

 

Era una gata gris, mestiza, como la mayoría, con ojos claros y serenos. Su expresión variaba entre la de una esclava necesitada y la de una heroína de mil batallas. Ella era solo mía, me había elegido como su amigo.

 

Pasaba horas interminables cepillándole el pelaje, acariciándole la barriga o simplemente contemplando sus bigotes.

 

Cuando regresaba de la escuela, se acurrucaba en mis rodillas o en mis tobillos de forma terapéutica. Un mar de ronroneos nos envolvía, como si nos perteneciéramos mutuamente. La alzaba del suelo como si fuera un juguete, y sus ojos se encontraban con los míos, creando un bello instante compartido.

 

Todo parecía sacado de un cuento, hasta que un nuevo integrante llegó a nuestro hogar.

 

La llegada de la nueva integrante transformó nuestra fantasía. Mi hermana recién nacida llenó nuestros corazones de ternura; de repente, toda la atención se volcó hacia ella. Se convirtió en el centro de nuestros pensamientos y movimientos.

 

Como todos, tuve que cambiar mis rutinas; la niña se convirtió en la niña de mis ojos y en mi hermana.

 

La Micifuz, despechada pero dispuesta a perdonar, intentó acercarse a mí dos o tres veces, o quizás muchas más, pero yo ya no tenía tanto tiempo para dedicarle mimos, ya que prefería atender a la niña. No la estaba evitando, simplemente estaba priorizando.

 

Entonces comenzó una batalla entre La Micifuz y la niña. Intentó varias veces meterle la cola en la boca a la bebé, lo cual reprendí inmediatamente. Luego, llegó a orinar en la ropa de la niña y a vomitar o defecar en la cuna.

 

Como consecuencia de su comportamiento, la alejé con una escoba. Esto provocó que La Micifuz desapareciera durante unos días; al regresar, mostraba signos de desgaste: con legañas, delgada, ojerosa, dejó de comer, perdió peso y pelo, deteriorándose lentamente. A pesar de las vitaminas recetadas por el veterinario, su salud no mejoraba. Se acurrucaba en rincones donde no la pudiéramos encontrar y, de vez en cuando, emitía maullidos lastimeros.

 

En su último día, se escondió bajo mi cama, ensuciando el suelo con sus heces y exhalando su último maullido. Así me enseñó una lección, haciéndome comprender el afecto obsesivo que los animales pueden llegar a sentir hacia nosotros.

 

No volvimos a tener gato en casa.


Donde descansan las estrellas


De niño a veces escuchaba en charlas de pasillo la palabra “sistema”, casi siempre terminaban con un “No puedes contra el sistema, así funciona” —¿A qué se refieren con el sistema? Me pregunté y la respuesta me vino sola. “El sistema” es un conjunto de procesos que limitan e impiden el crecimiento personal.

 

El “sistema” está diseñado para sostener inmovible el sistema, así los que están en una posición cómoda evitarán que los que deseen transformarlo, logren su objetivo.  “El sistema” te va desengañando, no puedes innovar, no puedes transgredir, no puedes disentir.

 

Aunque alguien crea que podrá pasar de oprimido a liberado, en realidad no será así, pasará de nivel, pero mantendrá el flujo de ideas del anterior estadio, porque el sistema ha penetrado profundamente su pensamiento y acción.

 

Vivimos en una enajenación, actuando mediante un modelo de comportamiento dirigido por “El sistema” allí donde grupos empresariales globales definen y planean el consumo y estilo de vida de la humanidad. Suena Conspiranoíco, pero no lo es.

 

Existen múltiples creencias erróneas que hemos aceptado sin cuestionamiento. Entre ellas, la idea de que la obtención de un título académico asegura de manera automática el éxito; que el esfuerzo sostenido garantiza alcanzar la cima profesional; que la jubilación constituye el verdadero inicio de la vida plena; o que modificar ciertos aspectos personales asegura cumplir con expectativas sociales como el matrimonio antes de los treinta años.

 

Esta narrativa mantuvo obediente a una generación que cifró sus esperanzas en el futuro. Pero no siempre los resultados fueron satisfactorios para todos. La interacción social reveló los fallos y errores de este estilo de vida, esfuerzo guion recompensa. La recompensa no fue feliz del todo.

 

De esto va la trama del libro “Donde descansan las estrellas” de Eduardo Briones, publicado en el 2026 por la Editorial Soconusco Emergente en Tapachula Chiapas. Allí el autor a través de la ficción y la metáfora nos plantea la insuficiencia, hipocresía e inoperancia de aquellos sueños que ingenuamente nos hicieron creer. “El jefe siempre tiene la razón, guarda dinero en el banco, enfócate en ser el mejor en una sola cosa” etcétera.

 

El libro nos transporta a la idea de los “tiempos líquidos” de Zygmunt Bauman, donde nada parece tener valor porque todo es efímero. El avance deja atrás a quienes no logran seguir el ritmo, los lazos humanos se diluyen, emprender se convierte en una ilusión sin esperanza y la norma es que lo que hoy resulta útil, mañana deja de serlo. Nadie nos preparó para enfrentar este escenario violento, excluyente y fragmentado.

 

La fragilidad del “sistema” impacta directamente en las emociones de las personas, pues no fuimos diseñados para ello ni crecimos imaginando que seríamos reducidos a sujetos-objetos. Esta dinámica eleva nuestros niveles de cortisol, genera ansiedad y nos empuja hacia la desorientación.

 

La vida es como un videojuego, tendremos que luchar por sobrevivir en la vida real, sabedores que, en algún momento, si no tenemos acceso a los nuevos códigos, quedaremos anulados. Si te decepcionas, es que no estás entendiendo las reglas del juego.

 

Entre la nostalgia por lo que nunca llegó a consolidarse y el vértigo de aquello que jamás acontecerá, la obra nos confronta con la vulnerabilidad de la condición humana en un contexto marcado por la transitoriedad.

 

En esta brutal tormenta ¿podríamos hallar la paz? …El lector experimentará una maraña de sensaciones antes de responder con claridad, esta interrogante.

 

¿Será el descanso una imposibilidad en estos tiempos?

 

 

#EsdrasCamacho