De niño a veces escuchaba en charlas de pasillo la palabra “sistema”, casi siempre terminaban con un “No puedes contra el sistema, así funciona” —¿A qué se refieren con el sistema? Me pregunté y la respuesta me vino sola. “El sistema” es un conjunto de procesos que limitan e impiden el crecimiento personal.
El “sistema” está diseñado para sostener inmovible el
sistema, así los que están en una posición cómoda evitarán que los que deseen
transformarlo, logren su objetivo. “El
sistema” te va desengañando, no puedes innovar, no puedes transgredir, no
puedes disentir.
Aunque alguien crea que podrá pasar de oprimido a liberado,
en realidad no será así, pasará de nivel, pero mantendrá el flujo de ideas del
anterior estadio, porque el sistema ha penetrado profundamente su pensamiento y
acción.
Vivimos en una enajenación, actuando mediante un modelo de
comportamiento dirigido por “El sistema” allí donde grupos empresariales
globales definen y planean el consumo y estilo de vida de la humanidad. Suena
Conspiranoíco, pero no lo es.
Existen múltiples creencias erróneas que hemos aceptado sin
cuestionamiento. Entre ellas, la idea de que la obtención de un título
académico asegura de manera automática el éxito; que el esfuerzo sostenido
garantiza alcanzar la cima profesional; que la jubilación constituye el
verdadero inicio de la vida plena; o que modificar ciertos aspectos personales
asegura cumplir con expectativas sociales como el matrimonio antes de los
treinta años.
Esta narrativa mantuvo obediente a una generación que cifró
sus esperanzas en el futuro. Pero no siempre los resultados fueron
satisfactorios para todos. La interacción social reveló los fallos y errores de
este estilo de vida, esfuerzo guion recompensa. La recompensa no fue feliz del
todo.
De esto va la trama del libro “Donde descansan las
estrellas” de Eduardo Briones, publicado en el 2026 por la Editorial Soconusco
Emergente en Tapachula Chiapas. Allí el autor a través de la ficción y la
metáfora nos plantea la insuficiencia, hipocresía e inoperancia de aquellos
sueños que ingenuamente nos hicieron creer. “El jefe siempre tiene la razón,
guarda dinero en el banco, enfócate en ser el mejor en una sola cosa” etcétera.
El libro nos transporta a la idea de los “tiempos líquidos”
de Zygmunt Bauman, donde nada parece tener valor porque todo es efímero. El
avance deja atrás a quienes no logran seguir el ritmo, los lazos humanos se
diluyen, emprender se convierte en una ilusión sin esperanza y la norma es que
lo que hoy resulta útil, mañana deja de serlo. Nadie nos preparó para enfrentar
este escenario violento, excluyente y fragmentado.
La fragilidad del “sistema” impacta directamente en las
emociones de las personas, pues no fuimos diseñados para ello ni crecimos
imaginando que seríamos reducidos a sujetos-objetos. Esta dinámica eleva
nuestros niveles de cortisol, genera ansiedad y nos empuja hacia la
desorientación.
La vida es como un videojuego, tendremos que luchar por
sobrevivir en la vida real, sabedores que, en algún momento, si no tenemos
acceso a los nuevos códigos, quedaremos anulados. Si te decepcionas, es que no
estás entendiendo las reglas del juego.
Entre la nostalgia por lo que nunca llegó a consolidarse y
el vértigo de aquello que jamás acontecerá, la obra nos confronta con la
vulnerabilidad de la condición humana en un contexto marcado por la
transitoriedad.
En esta brutal tormenta ¿podríamos hallar la paz? …El lector
experimentará una maraña de sensaciones antes de responder con claridad, esta
interrogante.
¿Será el descanso una imposibilidad en estos tiempos?
#EsdrasCamacho

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