a) —La interacción entre compañeros del arte literario
desencadena una oleada de historias, que a su vez pueden inspirar otras.
b) —Quiero perder el miedo a mostrar lo que escribo.
c) —Busco crecer como persona a través de la escritura.
Suelo cuestionar o reflexionar sobre lo que se esconde
detrás de cada respuesta. Me sorprende la habilidad que tenemos los seres
humanos para usar eufemismos, para ocultar intenciones. ¿Somos ingenuos o
habilidosos? Siempre he creído que estoy en algún punto intermedio.
Antes de iniciar la sesión, tuve tiempo de examinar
medianamente las profesiones, orígenes y pasatiempos de casi todos los
participantes. Esos detalles suelen revelar mucho sobre ellos.
¿Qué respondería yo cuando llegara mi turno?
Consideré decir: “Asistir es como ir al gimnasio; pero en
lugar de fortalecer músculos, trabajo en fortalecer mi mente.” Aunque al final,
opté por decir: —No estoy listo para responder. Por favor, que lo haga alguien
más mientras lo pienso.
Al final, nadie se percató de mi falta de respuesta.
Asistir como participante a un taller de narrativa se
asemeja a bailar en un baile rural; puedes bailar a tu propio ritmo, aunque no
seas un experto. Quizás logres imponer un estilo de moda con tu forma de bailar
o encuentres alguien que te enseñe.
“Describe en palabras la primera imagen que te venga a la
mente”, dijo el profesor. Y yo escribí sin pensarlo: Gula.
¿Por qué elegí esa palabra? No lo sé con certeza. Podría
haber escrito “hambre”, “pan”, “lluvia” o “podcast”. Siempre hay en mí un flujo
caótico de palabras, brotando de manera involuntaria y constante.
Observé lo que escribió la mujer a mi lado. En mayúsculas,
puso “INSATISFACCIÓN”. Al ver sus accesorios y elegante vestimenta, intuí una
personalidad empoderada, con desapego, pero con el anhelo de ser vista y
admirada. Me pregunté cuánto tiempo dedicaría a maquillarse y elegir su
atuendo. Si nos encontráramos, ¿qué ocurriría? ¿Le gustaría que la besara con
suavidad, o preferiría a un caballero o a un rudo en la cama?
—¿Tomamos un café, un vino, o vamos a mi habitación y
ordenamos allí? le propuse con discreción.
—Si prometes ser Rodolphe Boulanger..., será tu habitación
primero.
—¿Y quién es ese? pregunté.
—Te dejo esa tarea de investigar para la próxima sesión. Y
la siguiente, vamos por café —sugirió.
Y aquí estoy, preguntándole al asistente virtual quién es
Rodolphe Boulanger y por qué debo parecerme a él.
Al fin, que por eso me inscribí al taller, para aprender.
#EsdrasCamacho
