“Cría puercos”
“Cría puercos” es del 2018, pero puede ser
cualquier año. Aborda el drama que viven los que se quedan, los que anhelan
volver a aquellos que por razones distintas han migrado.
Ya sabemos que como dijo el poeta Jibrán Khalil en el
poema “Tus hijos” […]”Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque
ellos viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en
sueños”.
La crudeza de la realización es algo infrecuente.
Generalmente se romantiza la soledad, la ausencia, el irse de casa.
Un hijo por razones desconocidas, no puede o no quiere
volver a casa, ya sea de visita o para hacerse cargo de lo que queda de la
familia, nos remite a aquella anécdota del relato “El coronel no tiene quien le
escriba” de García Márquez. La madre aparentemente estoica, aguarda y ansía con
fervor que llegue el hijo a casa, pero aquel no volverá, aún a pesar de sus
promesas.
Los hijos parten del hogar, porque es ley de vida,
porque quieren encontrar su propósito, porque se van a estudiar o trabajar,
también porque sienten el llamado a irse, a explorar. ¿Y qué se hace mientras
se espera?, ¿Se muere uno de la desesperación? No. No se puede y no se debe esperar
con resignación. ¿o sí?. ¡Que hastío!, que absurdo desperdiciar la existencia
esperando a los ausentes. Mejor fluir.
¿A que se dedican los padres cuando los hijos se van?,
¿A empequeñecerse, a morir?. No, aunque en algunos casos sí.
Cuando el hogar se vuelve más silencioso, también
puede abrirse una puerta a otros horizontes. Es el momento de reencontrarse con
uno mismo, de descubrir pasiones olvidadas o explorar aquellas que nunca
tuvieron espacio. Viajar sin prisa, perderse entre las páginas de un libro,
compartir conversaciones con amigos, aprender un arte, cultivar un jardín,
iniciar un proyecto largamente postergado o “criar puercos”.
Durante años, la vida gira alrededor de la crianza.
Sin embargo, la paternidad no es una estación final.
Se nos ha enseñado que nacemos, nos reproducimos y
envejecemos. Pero la vida es mucho más amplia que esa narrativa. Podemos seguir
creciendo, creando, enseñando, sirviendo y soñando. Podemos continuar aportando
a nuestra comunidad, a nuestras familias y a nosotros mismos desde nuevas
facetas.
Cuando los hijos parten, no termina nuestra historia.
La partida de los hijos del hogar es un duelo. Y
aunque todo nos indique que nada permanece, el ser humano en su fantasía quiere
poseer permanentemente la fugacidad, lo ilusorio de los instantes de felicidad.
Así la soledad de los que se quedan, primero negarán, luego se emberrincharán,
después negociarán, aceptarán y resurgirán. Es la formula.
La película muestra además del tema central, el
espíritu comunitario y la ayuda que el personaje, una mujer de 74 años, viuda,
solitaria y deprimida, recibe de desconocidos. Es notable también el consumo
del mezcal y se refuerza aquella contundente frase “Para todo mal mezcal, para
todo bien también”. Y el paisaje rural que nos remite a sabidurías ancestrales,
de enraizamiento con la naturaleza, de entendimiento de que todo está
conectado.
No todo está perdido cuando los hijos se van. Hay
tantos en la atmósfera que nos está manifestando empatía, respeto, admiración.
Sin embargo, estamos distraídos con esa ausencia, ese vacío del alma. No
obstante “Me quiere mi perro, me quiere mi cuaco. No les importa si estoy gordo
o flaco” interpreta Joan Sebastian.
El destino nos espera precisamente en los caminos que
elegimos para esquivarlo. Y cuando todo parece envuelto en tristeza, ausencia y
soledad, surge algo inesperado que enciende nuevamente la esperanza.
El espectador tendrá que aprender a ver con lentitud,
a saborear los detalles. No es un cine comercial, no se presenta al mismo tiempo
en distintas salas, ni está en carteleras. Es una película realizada por
estudiantes y egresados del Centro de Capacitación Cinematográfica. (Más de 30
generaciones de cineastas han egresado del CCC y se han obtenido más de
setecientos premios y reconocimientos nacionales e internacionales.)
Título original: Cría puercosAño: 2018País:
México. Dirección y Guion: Ehécatl
García
Hay que verla.
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