domingo, mayo 31, 2026

Ya nada era recuperable.


—"Si pudiéramos tener otra vida, sería como un sueño, simplemente decidir irnos a otra vida al dormir, cumplir con nuestras responsabilidades y vivir nuestra otra existencia, para despertar luego en esta vida real como si nada hubiera pasado".


Eso le había expresado ella con una candidez inusitada. Desde aquel momento él había comprendido que se encontraba con una poeta, un ser excepcional, alguien con la que no te encuentras dos veces en la vida. 


Por eso, a pesar de la distancia, a pesar de la incompatibilidad de destinos, había mantenido para ella, una débil llama de amor encendida, para cuando se presentase la ocasión. 


Y la ocasión se había presentado, repetidas veces a lo largo de algunos años. 


A pesar de las parejas que tuvieron cada uno por separado, en el transcurso de veinte años, lograron mantener viva la llama mágica del amor, del deseo y la pasión, resistiendo a la desaparición de la esperanza.


"Con nadie hago el amor como contigo", solía decir el aspirante a poeta, decidido a quedarse atrapado en ese instante efímero que sabía condenado al olvido, arrastrado por el tiempo y la crueldad del destino.


Él le confesó: "He soñado contigo durante 13, 20 años, desde que nos conocimos hace 25". Aunque ambos tenían hijos mayores, seguían siendo amantes clandestinos, comunicándose a través de correos o mensajes de WhatsApp, manteniendo vivo un amor pasado que quizás algún día recuperarían.


Pero en aquel amor se fragmentó y los encuentros apasionados del ayer, se habían transformado en instantes de café con diálogos irónicos. Desatando un intercambio de palabras cargadas de ira y resentimiento.


Ella expresaba su cansancio de siempre ser la que se esforzaba por complacer, la que adoptaba posturas injustas, lamentando no haber abierto los ojos antes para no participar en un juego desigual de afectos.


Él se confesaba "incompetente" para comprender este nuevo estilo de comunicación que ella exigía. En su inocencia, desde su perspectiva, todo era un juego, un enredo, una farsa. 


Sin embargo, ya no estaban rescatando nada.


Pero ese día, él decidió que sería la última vez que se verían. 


Mientras lo decidió recordó aquella vez que, estando ella comprometida, él se presentó en su casa para simular ser un pájaro carpintero. En una mañana inesperada, mientras ella se peinaba frente al espejo, desde la rama junto a su ventana, él imitó el sonido de un pájaro tres veces —shht, shhht—. Ella lo sorprendió con la mirada, pero siguió con su rutina matinal sin interrumpir su deber conyugal. 


En un adiós lleno de nostalgia, le pidió que al menos soñara con él, recordando todas las noches en las que él la había soñado a ella.


Recibió como respuesta un frío "Que te vaya bien". Él se fue en silencio, mientras en su mente resonaba una canción romántica de despedida, y ella quedó sola escuchando el trinar furioso de las aves.


Varios días después, ella soñó por primera vez con él, y entusiasmada me marcó para contarle la experiencia, pero él, la había bloqueado para siempre. 


Lo que siguió confirmó que nada sería recuperado ni evolucionaría. La tierna llama se había desvanecido. 





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