miércoles, octubre 15, 2008

NUNCA OLVIDARÉ


Se accidentó Esdras Camacho Ramírez, coordinador de comunicación Social del Ayuntamiento de Motozintla y director de noticias de la 90.5,de F. M. así como colaborador de medios de prensa escrita en el estado de Chiapas.Dicho accidente ocurrió, en el km.50 Huixtla -Motozintla, a la altura del ejido de Buenos Aires, viajaban en un VW color verde placas de circulación DMY 72-62 del estado de Chiapas, Saliéndose de la carretera y precipitándose al barranco a unos 70 metros, aproximadamente.Se ignora que fue lo que provoco el accidente.


Esdras Camacho, primeramente, fue trasladado al Hospital del Seguro social de Motozintla, lo tuvieron que canalizar, al Hospital General de Huixtla en la ambulancia numero 92611,para su valoración ,ya que un medico del seguro Social, dijo tendría que ser valorado por un neurólogo y un traumatólogo, debido a las lesiones que resultaron de dicho percance.




En el lugar del accidente los amantes de los ajeno, ni tardos, ni perezosos, optaron por desvalijar el VW, como lo muestra la grafica, (un niño con la bobina del carro) otros individuos están a punto de quitar otras piezas, mientras nos retirábamos del lugar, debido a que la unidad accidentada, se encontraba abandonada.Hasta el momento solo un elemento de la patrulla 012 de la Policía Estatal de Caminos (PEC) bajo al lugar de los hechos para constatar y reportar para su conocimiento a la policía Federal Preventiva(PFP). ASICh

sábado, octubre 04, 2008

NO EXISTE EL AMOR

Los filósofos urbanos nos han engañado, es decir nos han ocultado la verdad, que es otra forma de engaño. No existe el amor.

Existe la ausencia del calor de un cuerpo, existe la costumbre, la experiencia ubicua, el borboteo de sangre, existe la incontenible expulsión del llanto. No existe el amor, existe el dolor físico, existe la atracción, la pasión. No existe el amor. existe el amargo placer de la desventura. Un acuerdo callado de mil maneras.

El amor es una falacia, es la insoportable demencia, el deseo insatisfecho, el no tener nos produce deseo y el deseo realizado, u obtenido, se ve truncado con la desilusión y con la insatisfacción. La naturaleza nunca se equivoca. Si el amor es una ilusión, y la ilusión una mentira, todo se reduce a nada. El amor no es complemento, el amor no existe. Existe la aguda somnolencia de un recuerdo ingrato.

Existe el cruel paroxismo de la angustia, el desasosiego. Solo se puede vivir feliz ignorando, la sabiduría es un obstáculo para la felicidad. Los postulados del amor son comunicación y confianza, mentira tardíamente descubierta. Si el amor tiene que ser cristalino y limpio y puro y sincero, tiene que existir de manera honesta y responsable es demasiado maravilloso para ser real y todo lo que es demasiado no es bueno mercerlo. Ni aún en los mejores tiempos del romanticismo se ha constatado.

La memoria humana no registra esos detalles que alumbran una a una las neuronas. Todo es un proceso de sensaciones, una mírada provoca muerte de neuronas y vida de pulsiones electromagnéticos que estimulan las hormonas segregadas por el cerebro, el amor es unicamente la respuesta fisiológica a estas sensaciones, que nosotros comunmente le denominamos sensaciones y que terminan por confundirnos con creer que a ese conjunto de elementos biológicos en acción es el amor.

El formato del amor bien, es creado, soportado fomentado, por los creadores, aquellos que pretenden con su creación diferenciarse de los demás y proponer un modelo de vida distinto, en el que se aprecie el placer pero con conciencia, con sentido, con ojos que examinan y que buscan causas y azares. Pero no es así el amor que se propaga en estos diás es fácil,es absolutamente material, libertino y liberal, es desmesurado pero sin fundamentos, sin raíces solidas que puedan sostenerlo y valorado en toda su magnitud, es amor que celebra sin motivo y olvida con razón, es amor que recompensa con placer.

Incluso tan bien construido está este concepto del amor ideal que escapa a la reflexión, escapa a la mente más lucida. Esto se ve diariamente repetido y fomentado con millones de revistas y películas novelescas y que pareciera que todo es fácil. Si asi fuera habría que inventar otro modo de llamarlo, porque si el amor evade, es mortal, es perecedero, es desconfianza y el de esa forma no es ese que perdura y que todo lo vence y todo lo puede.

Y si el amor todo lo vence todo lo puede es divino, y como nuestra misera condición es la de humanos es entonces que es ajeno al mundo, perteneciente solamente a lo inmaterial. Mentira, mentira, mentira. Todo es mentira. No Existe el amor.

¿Existe otro yo?.

¿Tenemos un ser interno que es otro, que no es igual al yo visible?. Tal pregunta es simple, es dar giros sobre un mismo pie en un lugar en el que estás atado.

Las personas de cualquier edad en algún momento se han cuestionado sobre la magnitud de la respuesta, y hay quienes se interrogan toda la vida. Poco ayudan las teorías sicoanalíticas, los vericuetos que tenemos como mortales, ciegos de conocimiento, a pesar de tanto progreso científico, no hay una cerradura que permita arrancar los secretos del cerebro.

La astucia de los individuos masificados, no se compara con la argucia que posee el que se independiza, el hombre libre, tal y como lo recomendaba el Cristo, La verdad os hará libres¿Cuál verdad, cuál libertad?. ¿A qué precio se consigue la verdad?. ¿Qué es la verdad, como reconocerla?. ¿Existe la libertad?

¿Cómo construir una personalidad propia, si la cultura que se inculca en los primeros días es ya mediatizada? ¿Cómo esperar lo novedoso, lo original, en actos que ni siquiera son auténticos?. Lo típico y lo ordinario es valorado por su exactitud en el rito, en lo establecido. El fenómeno dejó de serlo cuando se produjo en serie.

El milagro de la vida, es pues tan simple. ¿Qué es lo que esperan ver en el alumbramiento, un muñeco de peluche, una sardina?. La lógica probaría no haber motivo de asombro, pues el vencedor es la reproducción esperada continuamente. El pesimismo y la melancolía que se adquiere a cierta edad, no es otra cosa que la comprensión de la simpleza, la decepción de aquello que se considera inmanente como los instintos, situaciones sentimentales y emotivas, se visualizan con la materialidad. No es correcto culpar a lo distinto, pero lo anormal es prejuicioso, el complejo del grupo de cisnes que maltratan al patito feo, que andando en compañía les enseña lo distinto procurándose otro tipo de bienes. Llegar a este punto, fue un reconocimiento del ambiente transmitido a la memoria colectiva de la humanidad.

Con tanto baratija intelectual que algunas veces nos colgamos a la nuca, es difícil comenzar a hilar una historia autónoma y coherente; no digo única porque es pretender mucho, pero quien sabe a donde se escapa el estilo cuando las palabras ya son lugar común, las ideas no aterrizan y todo está dicho, según los publicistas.

El verdadero poder que le vale al individuo, parece pesarle: la creatividad, la chispa, la venia bendita, la IMAGINACIÓN, queda en el último lugar en la escala de valores morales. El sistema productivo que se acostumbra, es la de hallar deleite en el invertir capacidad física en el acumulamiento de bienes muebles e inmuebles, todos artificiales para hacer fácil el entretenimiento y la diversión.

La humanidad solidaria en su tránsito laboral mecanicista, cual ratas acondicionadas a su laboratorio. Dedicar muchos momentos a la autorreflexión y autoaprendizaje, conlleva el riesgo de adquirir un conocimiento que sobrepasa la media, el acto reflexivo sobre el funcionamiento de las leyes sociales, es desgastante e innecesario, tal tarea no es requisito en un mundo frívolo, atolondrado, en el que aparentemente reina la fatua sensibilidad y la mojigatería. La paciencia y tolerancia son atributos que se pregonan como líneas trascendentales de un código de ética y principios fundamentales de la moralidad, sin prever que en el pecado se lleva la penitencia, pues tales virtudes son intangibles y por lo tanto irreconocibles.

EXQUISITA LEVEDAD

 “La lógica del mercado, no es la lógica de la cultura”, decía el poeta Octavio Paz; con referencia a la sobrevaloración de productos culturales sin un aporte o valor histórico.

En la era contemporánea, predomina una costumbre (cómoda), disfrazada de filosofía existencialista:

“vive como si fuera el último día”. Se practica en cada sociedad civilizada la máxima, vive y deja vivir”.

Este dejar hacer, dejar pasar, ha originado un individualismo primitivo, que globaliza y ahuyenta la ética y los principios morales, gestando una conducta socializadora aceptable que identifican a una gran mayoría: La frivolidad.

La irreverencia y la libertad , obtenidas como de la mítica lámpara maravillosa,  engolosinan a los jóvenes, ansiosos por desencadenar su ansiedad y que exploran la sociedad estereotipada en busca de abandonar su soledad y su hastío. La simulación y la apariencia revisten los instantes hasta construir espíritus banales, singulares y perfectos. Las presentes generaciones han nacido con la idea del cambio, medianamente han comprendido que todo cambia,el movimiento elíptico, la sociedad es dialéctica ...¿ y si todo cambia?, ¿vale la pena permanecer?, ¿vale la pena anclar nuestros sentimientos a alguien o a algunos?, ¿tiene algún sentido comprometerse?.

Los individuos frívolos de hoy, son seres insípidos que le temen al ridículo y constantemente lo provocan,les fascina la belleza, pero no el espíritu, incapaces de valorar en su exacta dimensión la dignidad, la lealtad y el sacrificio humano (o divino). Hace tiempo solo eran frívolos los de abundancia financiera o filósofos o poetas nihilistas que debido a la acumulación de conocimiento enciclopédico,perdían el interés por las penurias y placeres ordinarios y por ende consideraban la existencia como inocua e inservible.

La satisfacción de nuestros deseos, - que no necesidades- es instantánea, importando así el momento, la aventura anecdótica por encima de las actividades trascendentes y edificantes. Solo el vacío nos redime, lo “cool”, está de moda. Hay un ejército de elementos distractores y mediativos, organizados con el fin de asaltar la cordura; hay un mundo trivial, que nos espera, no hay porque resistirse,para todos y cada quien hay una exquisita levedad.Cada vez más, la colectividad acepta y has exige que seamos totalmente light.

Esta frivolidad – que esclaviza – no es impuesta, sino autodeseada en nombre de la felicidad y el progreso. Aceptar la frivolidad y aceptarnos como espectadores o protagonistas involuntarios, no es fatal, pues el nuevo orden social demanda seres dóciles con excepcional talento para confirmarse dentro del reino de lo efímero, dispuestos a venderse y a comprar virtual y literalmente en un mundo convencional.

martes, septiembre 30, 2008

Sólo quiero llamar tu atención

Hoy me escapé. La clínica de rehabilitación no es el lugar para mí.

¿No sabes de qué soy capaz? ¿Acaso ves que no funciona, una simple orden de restricción?

Es cierto, tengo una deficiencia de dopamina, serotonina y adrenalina, me falta una sustancia. Y tú eres la que la genera cuando estamos juntos, discutiendo, peleando, haciéndonos daño o amándonos.

Hace un año te busqué por segunda vez y un policía te defendió. Tuve que huir. No fue tu culpa. No podías llamar a nadie, el que lo hizo fue el policía del almacén de enfrente. Por poco me atrapan.

Diosa Reyes. Un mal te hizo el que te asentó con ese nombre. Tuviste tantos pretendientes frustrados o afortunados.

No fue difícil arreglar este encuentro; incluso tu cuidador se puso de mi lado. Al principio se negó, diciendo que eso no era normal, que era mejor que te dejara, tal vez no estabas en condiciones. A mí no me importa si no estás "presentable".

Tengo un sentimiento que me desconcierta, tú podrías entender mejor que yo lo que me pasa. Solo dame veinte o treinta minutos. Sé que no he sido bueno expresándome. 

Es la tercera vez que vengo, pero sé que esta vez no terminará como las anteriores, esta vez no. Esta vez no cometeré ninguna tontería.

Solo quiero contarte mi versión de lo que publicaron los periódicos. ¿Cómo olvidar aquella noche en la terminal de autobuses cuando me pediste la franela roja acolchonada que vendían en ese autoservicio, porque tenías frío? Pagué 50 pesos por ella. Eras mi diosa. Íbamos a Toluca y desde que me prometiste hacer el amor en cada municipio del Estado al menos una vez, yo, como un perro de Pavlov, ansiaba esa promesa.

Cuando terminó la película en las mini televisiones portátiles que llevaban esos camiones, me buscaste. La suerte estuvo de mi lado, según yo. Ahora sé que estuvo más de tu lado que del mío. Hábilmente abriste la colcha y te la pusiste como un pareo, tenías unas botas gigantes que hicieron que tardaras en quitarte completamente el pantalón. Luego, sin prisas, subiste tu ropa al asiento, justo donde estabas sentada, y te sentaste sobre mis piernas, temerosa de que nos vieran los otros seis pasajeros esparcidos en los otros asientos. Cada curva era sensacional. Cada bache, bienvenido y agradecido. Ahora mismo deberías estar tan excitada como yo.

Después de unos días de ausencia, no entendí lo que sucedió. Me enteré en un conocido diario de tu compromiso con el aspirante a la silla presidencial.

Y sabes, no me importó en absoluto que anunciaras tu casamiento con ese tipo o con quien sea. Solo vine a decirte que esta vez no cometeré más locuras.

La obsesión de estar cerca de ti me llevó a buscar un trabajo en Tuxtla, a pesar de tener uno excelente en Tonalá.

En octubre de 2008, conocí la cárcel. ¿Te enteraste? Recuerdo haberte llamado y contado, solo para que fingieras no reconocer mi voz y colgaras.

Algo en mi cerebro falló cuando pasé por San Cristóbal, y de repente me vi encerrado en una celda, con los titulares de los periódicos diciendo que en la estación de San Cristóbal de la terminal de autobuses de primera línea habían detenido a un maniático sexual que, después de masturbarse, manchó a los pasajeros con líquido seminal. Al revisar sus pertenencias, encontraron accesorios eróticos, lubricante vaginal, una caja de pastillas azules conocidas como "viagra", cientos de fotografías y cartas firmadas por una conocida dama de sociedad y posible futura primera dama del gobierno, una terapeuta con magnífica reputación.

Cuando mi esposa me ingresó en la clínica hace apenas seis meses, fue porque encontró en mi celular la grabación del segundo encuentro aquí. Quería enloquecer, mi confinamiento no me permitiría venir.

Habíamos acordado que el amor que te daría sería más grande que mi razón. Yo solo quería seguir cumpliendo esa promesa.

Los periodistas son unos sensacionalistas, para mí, no hay ningún problema. Después de todo, cualquier comentario sobre mí es glorioso.

Si todo sale bien hoy, me largo para siempre y te borro para siempre de mi vida.

Discúlpame que te lo diga, pero después de año y medio ahora si ya hasta yo, ya te estoy viendo cara de muerta.

lunes, febrero 20, 2006

Los engañabobos

Esdras Camacho

Si existe una analogía valida para describir a estos personajes sería como la plaga de langostas que azotaban los cultivos anteriormente y que es aún frecuente en ciertas partes del mundo; aunque la analogía se queda corta pues “los engañabobos” son precisamente eso, unos miente tarados, son tan astutos que pululan por doquier y son bienvenidos entre los que no son suficientemente astutos para salvaguardarse, para ponerse a salvo de las inclemencias, de los alcances de mentes tan hipócritas, mediocres y tan perversas.

“Los engañabobos”, son mediocres, su mezquindad radica en que al comprender ellos mismos que son insignificantes, se inventan un pasado glorioso, por el cual debería de serle reconocida su supuesta grandeza transitada, en el fondo exigen un poco de consuelo para su desdicha, para su autoestima tan baja. Logran la mayoría de las veces imponerse con argumentos bastante aceptables por sobre la inocencia, la ingenuidad primaria de sus congéneres.

Si un “engañabobos” encuentra donde florecer, su esencia se fortalecerá y contagiará de su roña a los que le circunden.Ellos disfrazan su egoísmo de sacrificio, moldean sus hábitos a fin de parecer mártires, son la mayoría de las veces viejos y eso es precisamente la clave de su éxito para que fácilmente le rindan homenaje a su pretendida decadencia inmerecida o talento mal valorado, cuando han logrado algunos de sus objetivos van por más, en eso son persistentes, no se conforman con solo torcer lo derecho y vender la idea de lo ideal de su actitud, sino que incluso son capaces de hacer parecer que se desangran en honor a los principios y valores éticos.

“Los engañabobos”, arrastran desde tiempos inmemoriales un resentimiento contra todo lo que sea ético, tienen el espíritu tan torcido a causa de su propia ilusión, se visten de serafines e impostan hábitos para ganarse la voluntad de los incautos. Aquél que ha permitido la entrada de un engañabobos en el contexto que le circunda, se enfrenta a dos opciones: cae rendido completamente a sus pies y es mancillado gustosamente o pierde todo el sentido de la realidad y lo que es peor, le gusta ese estado tan analgésico.

En el contexto profesional es más que todos, presumen dos o tres tipos de conocimiento, para ellos todo es y será, no hay nada nuevo bajo el sol, nadie podría adelantársele en los pensamientos, asienten y afirman cada que pueden lo que a su parecer todo está en comunión con su conciencia y persuaden de lo contrario según su comodidad. No muy en el fondo son perseguidos por sus demonios, por sus traumas y oscuros propósitos de pintar de su color lo que ellos ven de distinto tono.


A los engañabobos nada les satisface y cuando están inquietos les hace daño hasta lo que no se comen.

Todo les puede, todo está hecho ramplonamente, si no se atiende a sus llamados, no tiene calidad, carece un producto original de propuesta, lo real es su visión subjetiva y enferma de concebir la realidad.

“Los engañabobos”, son diletantes, eso han sido toda su vida y eso mismo se lo reprochan, saben un poco de gastronomía, como de hermenéutica, tienen más conocimiento cotidiano que científico, saben de mecánica, de cine, de carpintería, de botánica, de herbolaria, de psicología, de parapsicología, ellos aún sin añorar que sea cierto pregonan saber el alba y el beta, son pues los Mesías de la exactitud.Si alguien escucha a uno de ellos sin sus debidas precauciones, puede darse el caso de que ceda a sus tentaciones, de que se enamore de sus palabras, que le otorgue concesiones y que se le distinga con la mortificación de que ese ser tan agraciado se merece las glorias de una sociedad que se deje orientar hacia lo bueno.

“Los engañabobos” buscan el control, el poder es su afrodisíaco y usurpan, invaden y traicionan hasta sus propios métodos. Ya sea con orden paciente o con ardiente prontitud, desplazan sus artimañas a fin de conseguir sus objetivos, asaltan primero la razón y luego el poder. Como subordinados son malos y como jefes ostentan un título, incluso firman como licenciados, sin siquiera haber terminado una sola área de formación profesional.Entre sus características psicológicas, no se hallan valores tan primarios como lealtad, honor y respeto.

Ellos solamente respetan los modos arbitrarios, le rinden honor a la envidia y sienten lealtad solo a ellos mismos, ellos los protagonistas, los soles de un purgatorio, los reyes de los celos, todas sus diligencias son presurosas, porque su motor interno tiene un poderoso combustible que los alienta, su misión de componer lo descompuesto o mejor dicho de descomponer lo compuesto, le apuestan al caos y al menor asomo de estarlo consiguiendo esbozan una sonrisilla irónica y estúpida.“Los engañabobos”, son seres capaces, son, en ocasiones trabajadores disciplinados, acometen órdenes de sus superiores con precisión, logran ocultar sus pasiones. No descuidan un solo ápice y sus discursos ya sean escritos o hablados son elocuentes”.

Siempre están trabajando y siempre están elucidando tretas para posicionarse en lugares brillantes, una vez logrado, su modestia es de lo más real.Cuando un “engañabobos” ya tiene bien asentados sus instrumentos, y se dedica a extraer las ganancias de lo que considera su presa en su territorio, solo comparte su presa a quién acepte que le corresponde todos los derechos y en cualquier momento les retira su beneficencia. Cuando ha logrado desnaturalizar el orden, atropella a cualquier mortal y esos mortales agradecen como un detalle invariablemente divino, ese incidente. Un engañabobos es un chupasangre que suelta a su presa solo si y entonces si ya una vez extraído el total de lo que lo nutrió, es inservible, entonces se alista para su nueva presa.

Un engañabobo solitario es una calamidad, pero si se encuentran dos o más conjuran para que su abundancia sea prolífica, ganan donde ya hay un futuro, cortan las prendas de los viñedos lucrativos, recogen el producto que los bobos sembraron y regaron con su esfuerzo. Estos no invierten en donde no vislumbran usuras, su hambre es tan extraordinaria que a diario descubren nuevas formas de arrastrase ante quien deben.Poseen una labia prodigiosa, su personalidad externa es intachable sus argumentos son adornados con sensacionalismos que en veces destantean hasta el más ilustrado.

Un engañabobos es un carcamán con máscara de prudente, presume la inteligencia y la mesura que carece, finge agrado en lo que detesta y esgrime defensa ante la imperfección ajena.Ellos tiran la piedra y esconden la mano, sus ansias de poder les hace ser cautelosos en opinar enérgicamente en pro o en contra de lo que es un asunto público, se regodean más con los temas que exigen destrezas, sus manos trabajan con más urgencia que sus cerebros. Para ellos todo está bien, cuando son atendidos y sobrevalorados por su técnica, esperan aunque lo nieguen los premios consabidos y son capaces de entregar a sus provisores con tal de verse ensalzados.Los “engañabobos”, en el mundo son muchos y existen desde tiempos inmemoriales.

Cuando se reconoce en otro, ambos envían señales cifradas, manejan un mismo lenguaje y no pueden engañarse y puede que se dé una mancuerna medianamente eficiente más no amistosa, porque ellos no conocen la amistad, solo se alían con fin de estar donde quieren estar justo en el momento que lo desean.Las victimas de los “engañabobos”, ni se enteran que fueron victimas, por ellos que bueno, por los que tienen un poquito de discernimiento evalúan el descontrol que origina, cuando un ser está siendo maniatado, cuando los medios son dulces pero el efecto es amargo, es muy doloroso para uno que no es engañado, ver como otros si son cándidos e inexpertos ante las perversidades de tales sujetos.

Recuperarse del trastorno emocional que logra provocar un engañabobos es casi imposible, cuando ha plantado su mal, la más de las veces no descansa hasta tener un vivero y un manojo de injertos de las flores de su mal, listos para la hora que deba usarse.

“Los engañabobos” permanecerán hasta el final de nuestros días, porque sería incompleta e imperfecta una sociedad en donde e reflexione la practica, porque lo mismo que para que existan iglesias, deben existir creyentes, deben asimismo existir los circos y los equinos que diviertan al pueblo. Lo de más es lo de menos, total que más se podría esperar en esta que es la era de la frivolidad, el deleite de los presuntuosos.

jueves, diciembre 15, 2005

El hombre duplicado

Esdras Camacho
Leer a Saramago es una experiencia como dice el lugar común: de “sentimientos encontrados”. Aunque el idioma del autor sea Portugués, tiene amplias referencias de la idiosincrasia del castizo, eses es pues su principal merito.

El narrador es en tercera persona, omnisapiente, aunque de pronto se dirige al lector con frases cortas como para decir, que solo transcribe pensamientos de su personaje, que no es titiritero y que desconoce el rumbo que toma la historia, que no tiene el la obligación de tener como todos los autores, el control de sus personajes.

El hombre duplicado, la nueva novela del autor de Ensayo sobre la Ceguera, Todos los nombres, El evangelio según Jesucristo, entre otros, está vez aborda el dilema de todo individuo al imaginar y comprobar que hay un ser que comparte en la totalidad sus características físicas y quien sabe si también si las psicológicas.

Un profesor de historia de 38 años es el personaje que nos contagiará su sorpresa, al leer pensamientos hilvanados con una lógica desconocida, tal y como se supone es el Sentido Común, resulta que una vez por azar, atisba un personaje de película que tiene su rostro, sale casi de su asombro y se dispone investigar la razón del parecido.

Tertuliano, por ser el primer personaje, se gana el ser el original, es un profesor divorciado, que renta un apartamento en el centro de la ciudad y que tiene cargo la materia de Historia, en la secundaria. Es un hombre metódico, sin emociones, al menos eso demuestra su trato con los otros personajes. Meticuloso, para amar, para pensar, para hablar, para vivir.
Antonio Claro, es el otro, es actor secundario de cine, utiliza un seudónimo: Daniel Santa Clara, es casado y lleva una vida cómoda y tranquila, hasta que alguien le llama al teléfono diciendo que es otro que lleva su misma cara y su mismo cuerpo, es más, hasta sus mismas cicatrices.
Tertuliano Máximo Alfonso, es poco atrevido, pero la curiosidad le hará planear y hacer aventuras heroicas, con la intención de encontrar a su doble, comprobar su intuición, que son parecidos, él y Antonio Claro hasta en el tamaño de sus uñas. Aquí cobra verdadera fuerza el desarrollo de la trama y a partir de ahí hasta el final, avanza como tropeles que a pesar del fuete no se detendrá sino hasta llegar a la meta, solo para entender que se acabó el camino y acabó también la historia.

En la Caverna, la inmediata anterior novela de José Saramago, deja plasmado un discurso filosófico: los adelantos tecnológicos reclutan al por mayor, seres que disfruten sin comprender, los beneficios del Mundo Feliz, es una advertencia sobre la deshumanización. En El Hombre Duplicado, el tema es el miedo a la uniformidad y sobre todo el miedo a lo desconocido. Uno no puede dejar de elaborar reflexiones metafísicas luego de terminar sus novelas, literalmente este autor, cuando quiere es capaz de hacer perder el aliento por varios segundos, todo por su habilidad para mentir.

Saramago en su trabajo, es muy recurrente, desde su primer novela ha manifestado un fino humor, un ánimo irreverente que sobresalta lo establecido en cualquier novela, a veces se explaya demasiado en cuestiones cotidianas, pero la lucidez sociológica, quizá involuntaria, le salva de aburrir y que se abandone la lectura. Lo que le falta a los teóricos para interpretar la realidad, lo vierte a través de su ejercicio, es un hombre valiente, y su escritura es un reflejo de su personalidad. Mentira que el escritor inventa y miente, este escritor escribe, subjetivamente como todos, pero atendiendo a la conciencia y a la inteligencia. Dice en sus novelas, lo que no quieren escuchar los otros. (Los que no leen).

El anatomista

Esdras Camacho

El título puede confundir al incauto con el texto menos logrado, que apareció mucho antes, sin embargo hay mayor talento e imaginación en Federico Andahazi, argentino de 33 años que hizo que fuera premiada esta novela.
El ambiente se sitúa en pleno renacimiento, que como señala el autor, a pesar de las ideas de la ilustración, ideas oscurantistas y represoras, aun se mantenían y dominaban a la mayoría. Mateo Colón es un graduado en farmacia y medicina en la ciudad de Venecia, en la Universidad de Padua y a sus 42 años, hace un descubrimiento similar al de su homónimo Cristóbal, solo que en el terreno de la anatomía.
Mona Sofía es una bella prostituta de 15 años, de portentosos y exquisitos atributos, pero de una malicia, frialdad y astucia sobrenatural. Mateo Colón era un ser disciplinado, entregado a dar clases de una alta reputación y una moral estable, cuando conoce a Mona Sofía, conoce también el amor sublime y no correspondido, frecuenta por varios días al objeto de su admiración, sin poseerla le paga y solo habla de amor, al cabo de unos días, se queda en la ruina, sin siquiera conseguir una mirada dulce de aquella mujer encantadora.
Mona y sus diminutos pies, ojos esmeralda, tersas manos, piernas talladas como en madera, pezones como pétalos de rosa, de sensualidad infrecuente, fue el detonante de la exploración sobre la naturaleza del anatomista, a fin de hallar la fórmula para lograr que fuera correspondido.
Ungüentos, bebidas probó y experimentó con ancianas prostitutas que al sentir los efectos alucinógenos, maldecían y acusaban al anatomista de Satánico. La trama cobra fuerza, cuando el anatomista es llamado a curar a una mujer rica y descubre, que: “para llegar al corazón de una mujer, es necesario conquistar primero el de otra”. Mateo, es recluido e impedido de comunicarse, se le acusa de perjurio, herejía, blasfemia, brujería y satanismo. Hay a cada frase referencias a Pitágoras, Platón y Aristóteles. Andahazi se vale de la suficiencia intelectual de los clásicos para insertar argumentos filosóficos a la historia y darles un matiz histórico que vuelva creíble la ficción.
El lector, debido al estilo sencillo, puede prevenir los acontecimientos, si el que lee no es morboso, aprenderá un poquito. Hay momentos en que pareciera que el libro es màs filosófico que erótico, pues en el discurso se localiza constantes alusiones a las sagradas escrituras. El gran descubrimiento, el amor veneris, la dulce América donde conduce la novela es el objeto del ascenso de la humanidad.
Lea y descubra quién, como y por qué tiene al mismo tiempo, la llave de los cielos y el infierno. Andahazi Federico. EL ANATOMISTA. Editorial Planeta. Colección Fábula. Argentina. 1997. Pp. 277

El que no conoce a Dios...

Esdras Camacho

De los usos y costumbres de nuestro querido pueblo mexicano, se han ocupado sociólogos y antropólogos nacionales y extranjeros quienes, en sus estudios han mostrado connotaciones importantes de nuestra cultura. A pesar de que algunos de ellos como el francés Gustavo Le Boon, opinaron que México es un país ingobernable en el sentido cultural, pues al ser producto de la mezcla de dos razas no creó una nueva, sino que separó marcadamente las que se fusionaron.

Contrariamente a esta opinión, hay pruebas de la originalidad de la cultura ancestral mexicana conformada por los mestizos. Una característica distintiva es la inclusión de los refranes en el habla cotidiana. No existen datos exactos que revelen cuándo comenzaron a emplearse los refranes, lo que si se sabe es que son tan antiguos como la misma historia del idioma y que a través del tiempo se han ido aumentando, reformando y perfeccionando. Ha llegado a tal uso que hoy para cada acción tenemos un refrán y no pasa un día en que no escuchemos una frase célebre, un adagio, un proverbio, una sentencia, un refrán.

Mas sabe el Diablo… Las personas de mayor edad son muy dadas a emplearlos debido a que con sus años han ganado experiencias y en todo momento pretenden poner de ejemplo sus aciertos y errores como medio oral que transmita reflexión y prudencia a las generaciones nuevas. Ellos aportan un mensaje doctrinal positivo y, en la mayoría de las veces filosófico: polvo eres y en polvo te convertirás; hijo de tu hija tu nieto es; hijo de tu hijo, quién sabe; el que padece de amor, hasta con las piedras habla; cuando digo que la mula es parda, es porque tengo los pelos en la mano.

No sólo en el centro del país se cuecen habas, también en nuestra región, se han creado algunos, ejemplo es el de Coita, que aparece típicamente en los camiones de transporte urbano: Calma Coita que vamos ganando. Cada estado y cada municipio tiene sus propios refranes que se trasladan de un lugar a otro con los turistas que emigran. Quien dijo miedo, muchachos…Hay los del carácter reacio, los bravucones y por la entonación que se le da, parecen estar destinados a insultar: Yo no vengo a ver si puedo, sino porque puedo vengo; donde quiera lavo y plancho y en cualquier mecate, tiendo. Los presumidos, mentirosos y presumidos se identifican con éste: El que es perico, donde quiera es verde…En ocasiones, un refrán bien dicho, en un buen momento, puede ganarse la simpatía y servir para hacerse de amigos, para de algún modo, entrar en confianza: yo no lo pido a Dios, que dé, sino que me ponga donde hay; yo soy como el Alka Setzer, la que me prueba, me repite; te perdono el mal que me haces, por lo mucho que me gustas.

Los refranes han traspasado las fronteras y se han insertado en la música. Hay canciones que se componen con la invocación de éstos: Con el tiempo y un ganchito, ha de resecarse el mar; las piedras rodando se encuentran, del plato a la boca, se cae la sopa; tropecé de nuevo y con la misma piedra. En la literatura también aparecen constantemente: Cría cuervos; Como agua para chocolate; Mujer que sabe latín y un largo etcétera. (películas de Carlos Saura, Laura Esquivel y libro de ensayos de Rosario Castellanos). Hay otros que frecuentemente son utilizados como piropos, delicados y guarros: ¡qué estará pasando en el cielo que hasta los ángeles se están cayendo?; si así fuera el infierno aunque me llevara el Diablo; si como lo meneas lo bates, ay que rico chocolate…

No dejes para mañana…Hay otros que están destinados a elevar la moral y tener confianza en sí mismo: El que no arriesga no gana; lo que bien se aprende, jamás se olvida. Los hay que suenan muy despectivos y pueden provocar problemas: No tiene la culpa el indio, sino el que lo hizo compadre; A palabras necias, oídos sordos; Con los tarugos, ni a bañarse, porque hasta el jabón se pierde.

La filosofía también ha usado los servicios de los refranes: Cuídame de mis amigos, que de mis enemigos me cuido yo; Sólo es libre el que dignamente sabe conquistar su libertad día con día (Goethe); La naturaleza, concede libertad hasta a los animales (Tácito). Ojos que no ven, corazón que no siente; Grandotas aunque me peguen; Los lunes, ni las gallinas ponen… un sinnúmero de refranes, son la voz del pueblo y, finalmente, Al César lo que es del César y A dios que te vaya bien.

domingo, noviembre 13, 2005

Y AHORA PASO A RETIRARME

ESTE TEXTO ES DE MI COLEGA ANA GARCIA BERGUA, LO HE PUESTO PARA NO OLVIDARME DE ELLA.
Y AHORA PASO A RETIRARME
Ana García Bergua
MEDITACIONES SOBRE LOS LENTES
Antes se veía muy mal golpear a alguien con lentes; era una demostración de abuso. Quizá porque el que usaba lentes veía mejor al que lo golpeaba, y eso le daba temor a aquél. Si sus ganas de golpear eran demasiado apremiantes, el matón tenía la amabilidad de pedirle al otro que se despojara de sus cristales, o de quitárselos él mismo. Ahora se dispara de lejos y se mata y se golpea sin cerciorarse de quién trae lentes y quién no, ya da igual. Tan ciego está el que golpea como el que es golpeado.
Los lentes son frágiles, y a la vez son prueba de la fragilidad de quien los lleva. Cuando uno se da cuenta de que debe usar lentes, siente una rabia ciega; es un anuncio de que nuestros ojos han comenzado una lenta clausura. Por eso cerrar y cegar son sinónimos.
Los lentes son como un animal de trasero grande y reflejante; montan a caballo en la nariz y se abrazan a la cabeza, como niños asustados. En realidad, los lentes dan la espalda al mundo y uno aprovecha su abrazo perpetuo para ver a través de ellos, como quien mira por encima del hombro de otro. Quizá por eso, porque son como un animalito que nunca crece y que, si no se le cuida bien, tiende a perderse o a ser aplastado, quienes usan lentes durante mucho tiempo desarrollan hacia ellos una afinidad entrañable, que no vencen los lentes de contacto ni las operaciones. Son ellos y sus lentes; los lentes ya no son su máscara, sino parte de su fisonomía. Eso lo entendió muy bien Groucho Marx. Los lentes con bigote de Groucho Marx eran en realidad Groucho Marx, y por eso los otros hermanos Marx se disfrazaban de Groucho y así atrapaban la esencia de Groucho –hay una escena de Sopa de pato que es inolvidable; en ella Groucho baila frente a sus hermanos alter-Grouchos con su gorro de dormir y su camisón largo. Igual podríamos decir que la esencia del Venustiano Carranza de las estampitas de la escuela se encontraba, sobre todo, en esos lentes diminutos y verdes que parecían encajados en su cuenca ocular como los de Eric Von Stroheim y esas barbas de cortinaje que todo lo ocultaban, pero la verdad el figurón no resulta ni tan entrañable, ni tan simpático como Groucho el sublime. También John Lennon disfrazó a muchos jóvenes de viejos y les puso lentes de colores que no necesitaban, pero se veían bien y uno atrapaba la esencia de John Lennon sin cantar ni componer como él.
Los lentes tienen parientes variados y curiosos. Sus parientes más cercanos son los lentes oscuros, caricaturescos de por sí. No hay manera de ponerse esas cosas sin verse disfrazado o con pretensiones de misterio, por más que el sol invada y queme y alumbre tanto que haga evidentísima su necesidad. Cuando llevamos lentes oscuros parece que no vemos, cubierto el rostro por mariposas negras, y da susto imaginar que quien nos ve detrás de aquellos vidrios de humo lo hace con malicia o frialdad. Otros hermanos de los lentes son los lentes de contacto, que parecen calcomanías; cuando se caen son como joyas perdidas. Uno rastrea el piso con cuidado, buscando ese brillo mínimo que se burla de uno y su ceguera en cualquier rincón. Pocas cosas son tan angustiosas para una persona como tentalear a ciegas una duela o un trozo de asfalto rasposo, en busca del ojo minúsculo que le hace ver el mundo. Otros hermanos de los lentes –estos muy simpáticos cuando no se empañan- son los encantadores googles, que nos convierten en ranas o en aviadores de la primera guerra mundial. Gracias a ellos vemos el fondo del agua, que es una visión tan tranquilizadora y hermosa como el cielo. El brasier y los lentes son primos hermanos. Los unen sus vocaciones de ladrón y de mapache, de máscara y antifaz. Y finalmente, los lentes acusan un parentesco obvio con las ventanas, pero en pequeña escala. De hecho, las personas que usan lentes tienen una vaga e inquietante similitud con los edificios.
Me puse mis lentes para escribir sobre los lentes. Mi relación con ellos es un tanto pasional: persisto en pretender que no los necesito, pero la verdad es que vivo con el ceño fruncido. Aun así, sólo en épocas de mucho tormento, de jaquecas innombrables o pantallas temblorosas, cedo a sus llamados. Y eso que insisto en perderlos, pero mis lentes siempre me encuentran. Con sus aros dizque antiguos, abandonados y polvosos, le ruegan a mi nariz que se deje de fingimientos y los cargue, pues tiene tamaño más que suficiente, y mis ojos, mucha necesidad. Luego los olvido y vuelvo a hacer como que no los llevo o no los necesito. Hasta que me tope un día contra la pared.

jueves, mayo 19, 2005

El dios de la hueva

Esdras E. Camacho
Cruzaba las nubes, majestuoso, regio y desatento el dios de la hueva, satisfecho de no tener un nicho donde rendirse, sino de irla tirando por los claroscuros del mundo. Hinchado y presuntuoso, en su infinita confianza recorría los densos y brumosos islotes abismales, por donde ninguno de sus inmediatos vecinos se atrevieron a rondar desde aquel caos mencionado, ya como una ficción, alegoría o parábola fantástica de tiempos acaecidos; y es que aunque entre deidades convivía, éste no se fiaba de los desvaríos de los otros, los estrenados y los nacientes dioses (y diosas). En uno de sus recorridos vislumbró un plácido territorio sereno y manso, también miró a diminutos seres que coexistían sin guarnición. Bonachón, ufano y veleidoso como cualquiera, este dios pensó era bueno que todo estuviera en armonía con su condición ubicua y omnipresente. Entonces se dispuso a establecerles oportunidades y les otorgó antojo, capricho y voluntad para que experimentaran la fascinación de la buena vida, nomás por que se le hinchaba su reverenda esencia. Y se retiró o más bien, dejó de prestar importancia porque, si él estaba en todos lados no podía irse a ningún lugar, fuese, apareciese o viniese. Sesiones de embrollos, ruidos y murmullos eran las reuniones a las que citaban dioses menores, para administrarse la divinidad y regentear comunidades de especimenes amorfos manejables. Aquella ocasión que resultaría especial para aquel dios, esmeradamente acordaron condescenderse tres leyes por asistente y por sesión... en esa primera y de hecho la única a la que se congregaron todos, este dios irreverente quiso ganarse la buena seña y que se le reconociera por su actitud y su donaire desenfadado, enérgicamente dispuso que “Tengan únicamente como límite la discreción”; al escuchar esto, los dioses le celebraron por haber emitido una ley tan simple y a la vez funcional, aunque, el dios de la hueva reconociese para sus adentros, que había errado, pero su orgullo le impidió solicitar fuera abortada su apelación. Los distintos dioses pronunciaban retahílas de inseparables mensajes escrupulosos, estrictos e inflexibles, si bien las leyes pronunciadas eran acertadas, atesoradas coincidían o eran similares, fue pues que al mencionado dios con ligereza quiso emitir las otras dos de sus tocantes leyes para ya desalojarse. Dijo: (sonrisa malandrina de por medio) “Prohibido prohibir” y “Procúrense todo el deleite propio y ajeno”. Con la primera había inventado la anarquía (y por consiguiente el caos) y con la segunda el hedonismo. De paso les había jodido el meticuloso encargo mencionado...Estaba en su derecho. Reparó que los otros en ningún momento mencionaron directa o indirectamente el lugar poblado que el dios de la hueva había mirado, supuso que los otros no lo habían localizado o que se la transfirieron o se la heredaron, ese momento victorioso era para él, de regodeo y alborozo. Pasaba el tiempo y los diminutos seres intuyeron de verdad que eran consentidos, que las leyes únicas les resultaban templadas, al principio el escenario fue apacible, voluntariosos todos (y todas), los demás notaron esa singularidad. Supuso el dios de la hueva que en tiempos venideros, su tierra sería conocida como “Solaris” y que los otros tomarían primero como objeto de estudio, luego como modelo de práctica su lotecito de planeta, se harían inauditos tratados, sendos y novedosos sobre el perfeccionamiento de la vidorria allí, dijo serán llamados “Los estudios de la Cultura de calidad”. Porque muy a pesar de todos, el dios de la hueva era (paradójicamente) un dios productivo. Precisamente fue por eso que los personajes tergiversaron el sentido de la productividad, discernieron a como ellos sospecharon estaría bueno, creando conjeturas sosas. Sucedió pues que (esos entes) comenzaron a ser proclives a la productividad laboral. Sí, era para ellos bueno trabajar, ilusoriamente creyeron que era el camino directo a ser parejos a su deidad. Afanosamente entre todos cooperaban solo para construir edificios, unos aquí, allá acullá y otros para allá más allá, para observar los a los otros posibles inquilinos de desconocidas galaxias. Las pirámides eran vistas desde lo lejos, lúcidas representaciones de su ruin actividad. Inventaron artificios, instrumentos de medición y herramientas que agilizaran el trabajo, todo con el fin de que tuvieran su preciada recompensa: el descanso. Pero eso, el descanso como ejemplo era lo que ellos habían rehusado tener. Se reprendía a aquellos que todavía se refocilaban, los que retozaban y celebraban su negativa a ser “útiles”. Estos fueron excluidos y tachados, eran una contaminación para la agrupación mayor de entes chambeadores. Juntaronse los excluidos y se pusieron (cómodos) a filosofar y fumar su paciencia. Un repentino furor desconocido le sobrevino cuando interesado advirtió que aquellos a quienes había concesionado permisividad, echaron por la borda los inasibles miramientos de armonía. Se agitó contrayéndose angustiosamente al saberse impedido de remediar, retener o retrasar tal situación... El dios de la hueva, (que era un dios menor) a pesar de su ubicuidad y de su grandeza era impotente para contrarrestar a los iniciadores de la burocracia, no quiso aparecérsele porque no le comprenderían, tan cerrazónicos se habían vuelto.Anárquicamente o en camarillas se expandieron los trabajones, haciendo un placer lo que nunca fue pensado. Erigieron su corto mundo de obligaciones, desechando la amplia gama de piadosa complacencia. Aunque el acontecimiento le había causado un desatino, reflexionó y pensó que su experimento volvía a tener los resultados malogrados de los dioses ya pasados, “siempre les alcanza el caos” le insinuarían. Desesperado no les quedó otra opción que asestarles dos que tres penalidades que como bien supuso ni así escarmentarían, el mal ya estaba recorriendo todas las nebulosas, engañando a sus vecinos. Dijo: Por haber destruido las esenciales administraciones del gozo, se les retira a partir de ahora y para siempre la inmortalidad y las otras canonjías, segundo, aquellos que sean admitidos en las políticas de servicio público, trabajarán 30 años y después se jubilarán y a cambio de eso recibirán el desprecio y/o la lástima de sus congéneres. Los que no mencioné trabajarán hasta cadáveres.Lánguido y hastiado ya no quiso desgastarse en discutir y quiso exterminarse, huir, irse pero él mismo tenía como penitencia nunca dejar de ser. Transcurrieron los avatares propios de toda sociedad de individuos, por considerables tiempos y ni el uno, mucho menos los otros se atrevieron a pedir consuelo o redimirse. Entonces uno de sus conocidos insolentemente atendió ese poblado y pretendió adoctrinarlos. Con la desacostumbrada pertinencia suplicó autorización, encargos y comisiones... Descendió (como embajador del dios de la hueva) y se le escaparon los cometidos que traía. Después de lamentarse se propuo escribir mensajes a los pobladores de la comarca y establecer conexión con el de allá arriba, pero a uno y a otro pronto se les olvidó. Así que el insolente embajador, optó por disponerlos para mover conciencias y escoger el arrepentimiento que los regresaría a su condición primaria, aquella de eternos descansadotes, pero antes que todo se tiró una hueva de treinta y tres años, le halló gusto y se proyectó de largo con ociosa hueva.

sábado, mayo 14, 2005

Viperino...

Que ya yo!!!
Me suministro raciones irracionales de ficciones me divierte diversificar diferentes versiones de esquemas no concebidos previamente, me obsesiono con elipses con eclipses con obeliscos sin obesas. Yo no quiero lo que usted vende, pero si yo fuera el comprador, no compraria lo que vendo, ni lo compraria, ni lo regalarìa, ni lo compartiría ni lo regalaría, en fin encadenado a decir no, hasta que llegue la capicúa.

Aquella fabula hablaba de un pastorcillo que tres veces gritó viene el lobo y no llegaba la cuarta gritó, pataleó, se retorció y brincó como el diablito buscando su guitarra debajo de la cama, bailaba y cantaba y se decia, donde diablos la guitarra se quedó... asì el pastorcillo valiente que la cuarta vez que en verdad venía en camino el lobo avisó y le dijo la gente ya callate que ya sabemos que eres harto mentiroso inche pastorcillo apestoso, maloso y alevoso.

Yo apestoso, apestoso como un oso, pastoso como un buzo con moho y lirio de agua, alevoso, como brozo, maloso nuncamente. acusome de todo menos de maloso y de puerco. manitas de puerco si, gracias.

Otro uno; se encuentran y le dice oi manolo que como has cambiado, te quitaste el bigote, y el otro dice, no soy manolo, me confunde, mira manolo, que te creciò un poco màs el pelo y la nariz, repite el otro, ninguna nariz siempre ha sido ha sido, mi nariz no ha crecido, oye manolo y te cambiaste el color de tus ojos, y el otro harto, mire no se da cuenta que no soy el que usted dice, ni soy manolo, ni me han cambiado mis ojos, y me llamo ultiminio, el uno dice bàrbaro manolo, aparte de hacerte cirugia plastica, te cambiaste tambièn el nombre. . . moraleja: uno muestra debilidad para esconder su fortaleza, uno cria fama para echarse a dormir, yo, ni tengo dotes creo de escritor ni mucho menos, pero mi fama de lenguaraz viperino me echa a perder. A unos su boca les echa a perder y risa les da su boca, que risa da de tanta risa que le da, ay quien en algun lugar de amor y no le basta, otros que dicen matenme porque me muero o aquel que dijo dime la verdad. Una ley, el dueño de un puente impuso, y para ello formò un jurado, dijo aquel que cruce por el puente, tiene que decir hacia donde se dirije y si no lo dice, muere en la horca que habìa instalado previamente al extremo derecho o izquierdo o extremo cualesquiera, extremo al fin del puente, tons que todos los que pasaban se ufanaban de ser muy honestos porque les podìa cortar la vida pero uno vivo dijo cuando se le preguntò ¿ a donde se dirije?. el dijo JURO QUE VOY A MORIR EN ESA HORCA, entonces habìa dicho la verdad, por lo tanto tenìa el derecho de pasar, porque fue honesto, y tenìa tambien el derecho de vivir, pero tambièn si no lo ahorcaban estarìan contribuyendo a una mentira involuntaria, que era lo que habìa que hacer era el dilema, la lògica no ayudaba. pues si lo mataban, no tenìan motivo porque habìa dicho la verdad y por lo tanto no ameritaba juzgarlo asì, pero si no lo mataban cruzarìa el puente un mentiroso y entonces merecia la muerte, no era posible solucionar el lio verdad.

Unos sienten que alcanzaron el nirvana unos viven siempre el extra porque saben que la vida tiene pocos lugares para los audaces. Yo habìa creido que era muy mentiroso, pero no lo soy, lo juro, como aquel que dijo los cretenses todos son mentirosos, y el mismo era un cretense, entonces su frase era una mentira, asi yo, digo una verdad cada cien mentiras tanto miento que es mi mayor caracterìstica, entonces como alicia en el paìs de las maravillas, lo ordinario es celebrar 354 no cumpleaños. A mi me llegò lo absurdo se ser verdadero por una maldita vez, pero se me condona. porque nunca me han condonado, ahora condenado, pido condonaciòn, prometo condonar cuando me toque condonar, pero ahora no me condenen.

Mi mente calenturienta, comienza a enfriarse me llega la vejez prematura y siento cabeza, si sobrevivo a vivir como dios manda, en paz y en justicia y en comunión con el osito bimbo. porque este bendito cielo que no cae me verá otros muchos dias soportables. verdad ? nena mi vidita, se me enjugan tus galletasen mi corazòn de caireles y cinco estrellas con mirada a la montaña de un lado y al canal de televisiòn al otro. .. a lo lejos saber que hay porque hay un ruido de la chingada que no deja inspirarlo a uno, . . y uno que es extremoso a propo, a propo de un fandango zabarè. y es por culpa del maldito hachis .... salud. gracias. digo que es por culpa de la cannabis, que te deja sin canas, bueno, que, es por, porque, porque more, publis, draft. permitanse comentarios para este borrador publicado o posteados.