miércoles, enero 08, 2020

Dafne


Dafne
Cuento/ Esdras Camacho

El resplandor de su jugo aun bajaba por mis labios cuando tranquilamente después del sexo pronunció: - “Literalmente mi corazón está a punto de partirse”, débil pero atento a la frase quise saber más… “Este es el cuarto orgasmo que tengo en la mitad del día”. Su expresión no era de asombro, quizá alegría.

Curioso de comprender interrogué con la mirada apartándome.
-        Dos con una mujer, uno con el otro y el último contigo.

Luego de una separación habíamos vuelto a entrevistarnos y sin anticipación ni demasiado dialogo subimos a la habitación en la que por algunos años nos desahogamos y encontramos sexualmente.

Yo había transitado hacia un estilo de vida menos voraz, ella en cambio [por lo visto] había subido al nivel Dionísiaco.

Pidió que al salir pasara al local de Abundio el artesano para recordarle que estaba interesada en el colchón nuevo, y que por favor se lo llevaran.

Más lleno de pensamientos que de carácter, descendí recordando aquellos exaltados dramas que viví a su lado en aquella historia entusiasmada, nuestro pan de celos era común.

Y me dije: “Gracias por ser otro ahora, que, si no le hacía en dos su pinche alma y su puta madre, sucia hija del pecado”.


En umbral de la puerta descubrí la raíz de mi enfado: “¿De dónde tanta energía?”, pensé envidiándola.


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