Dafne
Cuento/ Esdras Camacho
El resplandor de su jugo aun bajaba por mis labios cuando tranquilamente
después del sexo pronunció: - “Literalmente mi corazón está a punto de partirse”,
débil pero atento a la frase quise saber más… “Este es el cuarto orgasmo que
tengo en la mitad del día”. Su expresión no era de asombro, quizá alegría.
Curioso de comprender interrogué con la mirada apartándome.
-
Dos con una mujer, uno con el otro y el último
contigo.
Luego de una separación habíamos vuelto a entrevistarnos y sin
anticipación ni demasiado dialogo subimos a la habitación en la que por algunos
años nos desahogamos y encontramos sexualmente.
Yo había transitado hacia un estilo de vida menos voraz,
ella en cambio [por lo visto] había subido al nivel Dionísiaco.
Pidió que al salir pasara al local de Abundio el artesano
para recordarle que estaba interesada en el colchón nuevo, y que por favor se
lo llevaran.
Más lleno de pensamientos que de carácter, descendí recordando
aquellos exaltados dramas que viví a su lado en aquella historia entusiasmada, nuestro
pan de celos era común.
Y me dije: “Gracias por ser otro ahora, que, si no le hacía
en dos su pinche alma y su puta madre, sucia hija del pecado”.
En umbral de la puerta descubrí la raíz de mi enfado: “¿De dónde
tanta energía?”, pensé envidiándola.

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