jueves, febrero 12, 2026

La Micifuz

No recuerdo exactamente cómo llegó a casa, quizás fue un regalo de algún familiar o amigo, pero lo cierto es que "La Micifuz" se convirtió en parte de nuestro hogar, como una princesa y reina.

 

Era una gata gris, mestiza, como la mayoría, con ojos claros y serenos. Su expresión variaba entre la de una esclava necesitada y la de una heroína de mil batallas. Ella era solo mía, me había elegido como su amigo.

 

Pasaba horas interminables cepillándole el pelaje, acariciándole la barriga o simplemente contemplando sus bigotes.

 

Cuando regresaba de la escuela, se acurrucaba en mis rodillas o en mis tobillos de forma terapéutica. Un mar de ronroneos nos envolvía, como si nos perteneciéramos mutuamente. La alzaba del suelo como si fuera un juguete, y sus ojos se encontraban con los míos, creando un bello instante compartido.

 

Todo parecía sacado de un cuento, hasta que un nuevo integrante llegó a nuestro hogar.

 

La llegada de la nueva integrante transformó nuestra fantasía. Mi hermana recién nacida llenó nuestros corazones de ternura; de repente, toda la atención se volcó hacia ella. Se convirtió en el centro de nuestros pensamientos y movimientos.

 

Como todos, tuve que cambiar mis rutinas; la niña se convirtió en la niña de mis ojos y en mi hermana.

 

La Micifuz, despechada pero dispuesta a perdonar, intentó acercarse a mí dos o tres veces, o quizás muchas más, pero yo ya no tenía tanto tiempo para dedicarle mimos, ya que prefería atender a la niña. No la estaba evitando, simplemente estaba priorizando.

 

Entonces comenzó una batalla entre La Micifuz y la niña. Intentó varias veces meterle la cola en la boca a la bebé, lo cual reprendí inmediatamente. Luego, llegó a orinar en la ropa de la niña y a vomitar o defecar en la cuna.

 

Como consecuencia de su comportamiento, la alejé con una escoba. Esto provocó que La Micifuz desapareciera durante unos días; al regresar, mostraba signos de desgaste: con legañas, delgada, ojerosa, dejó de comer, perdió peso y pelo, deteriorándose lentamente. A pesar de las vitaminas recetadas por el veterinario, su salud no mejoraba. Se acurrucaba en rincones donde no la pudiéramos encontrar y, de vez en cuando, emitía maullidos lastimeros.

 

En su último día, se escondió bajo mi cama, ensuciando el suelo con sus heces y exhalando su último maullido. Así me enseñó una lección, haciéndome comprender el afecto obsesivo que los animales pueden llegar a sentir hacia nosotros.

 

No volvimos a tener gato en casa.


Donde descansan las estrellas


De niño a veces escuchaba en charlas de pasillo la palabra “sistema”, casi siempre terminaban con un “No puedes contra el sistema, así funciona” —¿A qué se refieren con el sistema? Me pregunté y la respuesta me vino sola. “El sistema” es un conjunto de procesos que limitan e impiden el crecimiento personal.

 

El “sistema” está diseñado para sostener inmovible el sistema, así los que están en una posición cómoda evitarán que los que deseen transformarlo, logren su objetivo.  “El sistema” te va desengañando, no puedes innovar, no puedes transgredir, no puedes disentir.

 

Aunque alguien crea que podrá pasar de oprimido a liberado, en realidad no será así, pasará de nivel, pero mantendrá el flujo de ideas del anterior estadio, porque el sistema ha penetrado profundamente su pensamiento y acción.

 

Vivimos en una enajenación, actuando mediante un modelo de comportamiento dirigido por “El sistema” allí donde grupos empresariales globales definen y planean el consumo y estilo de vida de la humanidad. Suena Conspiranoíco, pero no lo es.

 

Existen múltiples creencias erróneas que hemos aceptado sin cuestionamiento. Entre ellas, la idea de que la obtención de un título académico asegura de manera automática el éxito; que el esfuerzo sostenido garantiza alcanzar la cima profesional; que la jubilación constituye el verdadero inicio de la vida plena; o que modificar ciertos aspectos personales asegura cumplir con expectativas sociales como el matrimonio antes de los treinta años.

 

Esta narrativa mantuvo obediente a una generación que cifró sus esperanzas en el futuro. Pero no siempre los resultados fueron satisfactorios para todos. La interacción social reveló los fallos y errores de este estilo de vida, esfuerzo guion recompensa. La recompensa no fue feliz del todo.

 

De esto va la trama del libro “Donde descansan las estrellas” de Eduardo Briones, publicado en el 2026 por la Editorial Soconusco Emergente en Tapachula Chiapas. Allí el autor a través de la ficción y la metáfora nos plantea la insuficiencia, hipocresía e inoperancia de aquellos sueños que ingenuamente nos hicieron creer. “El jefe siempre tiene la razón, guarda dinero en el banco, enfócate en ser el mejor en una sola cosa” etcétera.

 

El libro nos transporta a la idea de los “tiempos líquidos” de Zygmunt Bauman, donde nada parece tener valor porque todo es efímero. El avance deja atrás a quienes no logran seguir el ritmo, los lazos humanos se diluyen, emprender se convierte en una ilusión sin esperanza y la norma es que lo que hoy resulta útil, mañana deja de serlo. Nadie nos preparó para enfrentar este escenario violento, excluyente y fragmentado.

 

La fragilidad del “sistema” impacta directamente en las emociones de las personas, pues no fuimos diseñados para ello ni crecimos imaginando que seríamos reducidos a sujetos-objetos. Esta dinámica eleva nuestros niveles de cortisol, genera ansiedad y nos empuja hacia la desorientación.

 

La vida es como un videojuego, tendremos que luchar por sobrevivir en la vida real, sabedores que, en algún momento, si no tenemos acceso a los nuevos códigos, quedaremos anulados. Si te decepcionas, es que no estás entendiendo las reglas del juego.

 

Entre la nostalgia por lo que nunca llegó a consolidarse y el vértigo de aquello que jamás acontecerá, la obra nos confronta con la vulnerabilidad de la condición humana en un contexto marcado por la transitoriedad.

 

En esta brutal tormenta ¿podríamos hallar la paz? …El lector experimentará una maraña de sensaciones antes de responder con claridad, esta interrogante.

 

¿Será el descanso una imposibilidad en estos tiempos?

 

 

#EsdrasCamacho