martes, diciembre 09, 2025

Luigi Malerba

En voz de un extraordinario lector, en el taller de Lectura “Tiza Barro y Carbón” escuché una historia que, según sé, fue escrita por Luigi Malerba… evoco y parafraseo.


Eran dos jóvenes llamados Petronio y Margarita, que vivían en un ambiente rural a finales de 1940. Ambos eran amigos, pero él deseaba que su amistad se convirtiera en romance.


Petronio le dijo: —¿Quieres ir a misa conmigo?

Ella respondió que no. 

—Si me dices que no, me corto un dedo. 

—Pues córtatelo —le respondió ella. 

En ese momento, él cumplió su promesa, regresó a casa, se puso gasas y vendas para detener la sangre. Al ser llamado a cenar, bajó con la mano en el bolsillo, pero no pudo ocultar que le faltaba un dedo. Cuando su padre lo enfrentó, Petronio se justificó diciendo que fue porque Margarita no quiso ir a misa con él. El padre miró a la madre y le dijo: —Haz algo antes de que este loco termine por cortarse todos los dedos.


Pero la madre no intervino.


Y volvió a suceder,

Petronio le dijo de nuevo a Margarita: —Vamos a misa… y si dices que no, me corto otro dedo. 

Ella le contestó: —Pues ve quitándotelos todos.

Él aumentó la apuesta. —Entonces me quitaré la cabeza.

(Aquí pienso que Petronio debía de ser un poeta y no lo sabía, un artista queriendo expresar su arte. Todos tenemos algo de músico, poeta y un poco de locura).


Durante un tiempo no se vieron y ella creyó que él había comprendido que no eran el uno para el otro.


Yo escuchaba, pero a veces, como suele suceder, me quedo estancado en una escena, como si no pudiera procesarla, no sé si ella se fue, se casó, murió, no sé… tampoco recuerdo por qué no quería ir a misa con él. (Ja ja ja, ir a misa, al menos hubiera sido algo distinto). El caso es que la narrativa avanzaba y yo hacía conexiones con otras historias.


Aquella de Van Gogh y su oreja… o la petición de la bailarina Salomé a Herodes de la cabeza de Juan Bautista en una bandeja de plata, la cual fue entregada por un verdugo, algunas estrofas populares de “para qué digo estas cosas, aunque suenen tan hermosas si no he de cumplirlas” y también tuve referencias a los slogans de “obras son amores y no buenas razones”. En fin, más adelante conecté con la historia cuando ya había avanzado.


Con el paso del tiempo, Petronio, quien se tomó muy en serio aquella frase de que lo prometido es deuda, estuvo algunas veces pastoreando rebaños, no por necesidad, sino para llevar a cabo su plan. Visualizó los horcones, descubrió unos artilugios, comprobó el filo de un hacha que, impulsada por un resorte, caería en el lugar correcto. Preparó el instrumental, colocó su cabeza en la posición prevista y, con la mano libre, soltó el resorte que hizo caer el hacha para decapitarse... Su último pensamiento fue: —Qué efectivo resultó todo... lástima que Margarita no esté aquí para presenciarlo y confirmarlo. 


Basado en el relato del libro *El Descubrimiento Del Alfabeto/Luigi Malerba*


martes, diciembre 02, 2025

Galardón Carlos Jurado

 


No existimos sin la mirada del otro. Nos mata la indiferencia, el olvido. Por eso el arte es importante. El arte es la pluma del ángel de la piedad que nos cae en las manos y nos sorprende.

 

Uno de los recuerdos más fascinantes que conservo de mi breve estancia en Tuxtla Gutiérrez es la amistad con Maux. Las tardes en que, acomodado en su diván, veía cómo sus inseparables gatos y perros rondaban la sala o se acurrucaban en mis pies y pantorrillas, mientras leía hojas de periódicos atrasados de “El País”, saltándome los titulares de política y deporte para alcanzar la sección de cultura y degustar profundas crónicas o entrevistas a filósofos, cantantes, cineastas y escritores, entre otros. A través de la ventana se filtraban los débiles rayos crepusculares y el reverberante trinar de los zanates en los árboles de la avenida central.

 

Esperar la conclusión de esas prolongadas lecturas, haciendo un silencioso acompañamiento, interrumpido solo para servirnos más café, encender un cigarro o dedicarnos una mirada; ese instante irrepetible está nítido, lucido y vívido en mi memoria.

 

Entre “buenas” y “buenas noches”, cambiar de lectura, de bebida o de actividad... ¿Qué más quedaba por hacer? Charlar, ver una película, destapar un vino, comer algún bocadillo, salir a caminar, ir a una presentación, conocer a más gente.

 

Dejé Tuxtla en el año 2021, pero allí se quedaron varias amistades: locutores, maestros, poetas, brillantes fotógrafos, escritores laureados, filósofos urbanos, personajes de novela y de cine; todos artistas.

 

Y cada vez que podía, volvía a casa de María Auxilio, en aquel domicilio donde permaneció muchos años, en la avenida central, entre las calles 14 y 15 oriente. Siempre me atendió como a un hermano; a veces llegaba debido a intermitencias y despropósitos de las rutas de transporte a deshoras de la noche, pero siempre fui bien recibido.

 

Recuerdo que me ha contagiado su forma de vivir, proveyéndome de lecturas, recomendándome películas y compartiendo unos CDs de Real de Catorce, Leonard Cohen y La Cabra Mecánica. Es un arsenal de cultura; una charla con ella es como una clase de posgrado.

 

Entre las muchas fotos que me han impactado (ella tiene un arsenal de imágenes de sus recorridos por los cinco continentes), hay una de ella misma en un fondo negro, en posición de suplicio, desprendiéndose un corazón chorreante de sangre de la caja torácica y entregándoselo al espectador.

 

Hace un año, nos fuimos de tour por las cafeterías de San Cristóbal. Estuvimos en el parque central, tomando el sol, cuando se acercó un artista callejero a vendernos unas postales y nos habló sobre la técnica de la composición, la iluminación y el revelado de una buena fotografía. Ella y yo, incólumes, lo escuchamos con atención. Le pagué al artista y, con María Auxilio, nos quedamos mirando mutuamente, riendo a carcajadas: “Si supiera que nosotros hemos dado clases de eso que él nos explicó”, y nos mantuvimos un buen rato allí, admirando el paisaje urbano que transcurría con aparente tranquilidad, hasta que fue hora de ir a comer, entonces nos fuimos por unas kombuchas.

 

El pasado 29 de noviembre de 2025, fue reconocida por el Gobierno del Estado de Chiapas junto a Maruch (María) Sántiz Gómez con el galardón Carlos Jurado, y me llena de felicidad que se le reconozca, que su arte siga inspirando a muchas generaciones. Te envío mis afectuosísimos saludos, Maux.