Saturday, April 16, 2016

¿Son nuestros enemigos los maestros?




Custodiados con celo, esposados y evidenciados cual miembros de una categoría infrahumana, los maestros aprehendidos la  tarde del 15 de abril del 2016 en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez Chiapas, México son trasladados con un cerco de seguridad de proporciones monstruosas.

Siento un ahogo, un desconcierto, un dolor del alma cuando veo las imágenes del descenso de vehículos oficiales para abordar el avión con destino al centro del país, su destino: los centros de readaptación social.

El pregón millones de veces repetido en los medios de comunicación: sus demandas son  indebidas, lo métodos peligrosos.

El debate siempre tendencioso de la aplicación de la reforma educativa para los profesores de todos los niveles, es reiterado a través de distintos canales con inserciones millonarias. En todos los sectores publicitarios  se habla de las “bondades” del nuevo sistema de control y reglamentación del servicio profesional docente, pero nada se dice del abandono a temas de seguridad social y responsabilidad de las autoridades educativas por mantener vigentes los preceptos que han dado certidumbre al oficio del profesor.

La opinión pública (tendenciosa por haber sido manipulada) señala con voz de mando que los “parasitos” maestros se niegan al progreso de la patria; informada a través de los noticiarios más populares, niegan al maestro su vocación y su derecho a pensar distinto, su derecho de abogar por mejores condiciones laborales y luchar por el bienestar de todos, pues la defensa de un derecho es la defensa de todos los demás.

Ignoran u olvidan, o quizá desconocen porque no es lo mismo ver los toros desde  el palco que lidiar con ellos, que hay una realidad única y que es el amparo y privilegio de la clase que dirige y dicta lo que conveniente en la política pública del país, mantener una población enferma física y mentalmente,  carente de voluntad para reconocer que se promueve con métodos muy placenteros como el show deportivo y artístico un estilo de vida inconsciente, ajeno al desarrollo y convivencia armónica.

La mayoría contribuye con su crítica y su sorna al desprestigio de los otros, los inconformes, los afectados, los que con espíritu y pensamiento crítico denuncian la aversión del sistema del poder, estos que hoy son llamados rebeldes, son los que resisten, los que también señalan con los únicos métodos que deja al alcance el poder, la realidad paralela de injusticia, de corrupción y de abandono en donde nos encontramos.

¿Quiénes son los violentadores?, ¿Quiénes son los transgresores?, será acaso que los que primero reforman la ley a conveniencia de unos cuantos, aquellos que a su antojo manosean el contenido de la constitución política mexicana, los que se niegan al diálogo, los que no escuchan, los indolentes, los juniors que desprecian la clase trabajadora, son los que niegan  el derecho a la existencia a otros mexicanos, todos nosotros.

Nada dice la sociedad del descuadrado estilo de vida que se lleva en los hogares de todos los mexicanos, del horror en que crecen millones de niños en medio de violencia, mismos que en cuanto crezcan diseminarán a su vez la semilla de la podredumbre social, pues de víctimas pasarán a victimarios, perpetuando el patrón de vida que se les ha confinado. Hombres y mujeres sin ambición y sin derecho, sin oportunidades de vivir de distinta manera, gente que tendrá recelo y resentimiento para con la mayoría, porque el mal no está en ellos sino en la impartición de la justicia y el progreso.

Nada dicen de que un estudiante no tiene un panorama de futuro, porque no sabe si vivirá lo suficiente, porque quizá tampoco quiera si es en esas condiciones indignas, en dónde el tiempo se gasta en lamerse las heridas de una humanidad carente de valores, en las que las palabras olvido, descuido y vicio se repiten en cada hogar, en la que la violencia se manifiesta ordinariamente en los diferentes planos. . . familias desintegradas, hijos adictos, madres en el olvido, padres alcohólicos, niños preocupados.

No se ha reflexionado que donde hay que pedir cuentas es en el  sector político que distrae y confunde, evade y corrompe.  La prisa con la que se nos violenta a tomar partido,  no nos da tregua ni  respiro  para que cese  el odio entre hermanos, precisamente por eso hoy el pueblo actúa contra el pueblo y es celebrado.


Hoy tendríamos que unirnos pues no es entre nosotros la lucha, sino con ellos.  

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