Monday, December 16, 2013

10 hábitos de las personas altamente miserables




“Nada es miserable a menos que pienses que lo es; por otro lado, nada trae felicidad a menos que estés dispuesto a recibirla.”

-Boecio

El imperativo de nuestros días es claro: disfruta. Esto es patente en la publicidad y virtualmente en cualquier espacio de la sociedad de consumo en la que vivimos. Disfrutar se ha vuelto sinónimo de bienestar, y si no disfrutas, puede que necesites ir al psiquiatra, o cuando menos, sentirte miserable respecto a tu propia vida.

¿Pero qué pasa si no queremos ni disfrutar ni tener una vida plena, tranquila, con el afecto de algunas personas y seguridad en nuestra forma de vida? La psicoterapeuta Cloe Madanes ha hecho un interesante ejercicio de psicología inversa y se ha propuesto remarcar algunos hábitos de la gente altamente miserable, es decir, de aquellas personas que, lejos de disfrutar la vida en sus pequeños y grandes asombros y placeres, se dedican a hacérsela miserable, tanto a ellos como a los que tienen la mala suerte de estar en torno suyo.

Y es que ser miserable, lo que se dice auténticamente miserable, es un trabajo de tiempo completo: una forma de arte, incluso, si observamos con atención, notaremos el cuidado con que las personas se convierten en verdugos de sí mismas. No hace falta que existan guerras en nuestro entorno, enfermedades y hambrunas: la imaginación humana es capaz de hacer la existencia más próspera un auténtico calvario, un valle de lágrimas, para utilizar la conocida imagen cristiana.

He aquí algunas sugerencias que sin duda harán de tu vida una experiencia insufrible para ti y para los que te rodean:

1. Ten miedo de perder tu trabajo 

El apremio económico puede generar miseria en las condiciones materiales de la vida, pero aunque tengas un trabajo estable y agradable puedes ponerle un poco de sabor a la vida quejándote todo el tiempo de lo que haces (hablaremos de las quejas más adelante), además de temer perderlo. El mercado laboral siempre está fluctuando y no sabemos cuándo nuestra cabeza será la siguiente en la guillotina. Repetirte tus errores constantemente, actuar de manera servil o francamente hipócrita con tus compañeros o simplemente imaginar lo que será morir de hambre en las calles cuando te despidan es una práctica diaria que requiere toda tu angustia.

2. Practica el aburrimiento

Las personas miserables suelen tener un aura de sabelotodos: nada los asombra, y lo que asombra a los demás debe ser rápidamente denunciado como lo que es, una copia burda de algo más. Cultivar el sentimiento de que todo es predecible, de que todo ya ha sido hecho por alguien más, de que el tedio es insufrible, puede hacerte ver a tus propios ojos como una persona culta que ha agotado todas las formas de asombro (sin mencionar que, dejando el asombro fuera de tu vida, nunca estarás en riesgo de verte expuest@ a que algo maravilloso te ocurra).

3. Adopta una identidad negativa

Si no sabes por dónde empezar puedes asumir algún diagnóstico físico o mental y vivir de acuerdo a él: si estás deprimido vuélvete una Persona Depresiva; si te sientes ansioso, vuélvete una Persona Ansiosa. Simplemente deja que tu diagnóstico condicione todos los aspectos de tu existencia y lograrás vivir como un convaleciente, con todas las ventajas que aporta: la gente estará preocupada constantemente por tu frágil estado, y en vez de ser una persona compleja, con días buenos y malos, puedes dar por descontado que incluso los días buenos serán pocos si tu identidad negativa comienza a tomar el control.

4. Discute por cosas tontas

No hablamos de un debate filosófico sino de un asunto de poder: para las personas altamente miserables, tener la razón es más importante que dialogar con el otro para encontrar una verdad común o un terreno de interlocución. Es especialmente útil cuando estás en una relación de pareja, pues el otro siempre manifiesta pequeños detalles que son suficientes para arruinarle el día a los que quieren ser miserables. Discutir es un inmejorable sustituto del amor, pues las constantes peleas erosionarán un afecto mutuo que de otro modo podría crecer y volverse imprevisible y, por tanto, peligroso.

5. Desconfía de las intenciones de los demás

Uno nunca sabe si un comentario, un halago o una pregunta que nos hacen no es en realidad un insulto o una forma velada de humillación. La gente altamente miserable siempre está pendiente de lo que los otros no dicen, más que de lo que dicen efectivamente. Esto puede complementarse con el chisme: no hay nada más miserable que hablar de las segundas intenciones de los demás cuando éstos no están escuchando. Se sabe que, eventualmente, la gente miserable está tan sola que termina relacionándose únicamente con personas tan miserables como ellos mismos (y desconfiando de ellos también, claro).


6. Evita la gratitud a toda costa

La gratitud puede ser el elemento común de todas las vías religiosas, y algo que inmediatamente te ayude a ver lo positivo dentro de las situaciones negativas. Es por eso que debes evitar sentir gratitud a toda costa: nunca digas gracias, por ejemplo: la gente a tu alrededor tiene la obligación de servirte por tus evidentes dotes en (coloca aquí el talento que nadie te reconoce), y sólo un idiota creería que hay tal cosa como “bendiciones”: la vida (eso lo saben mejor que nadie los miserables de corazón) es sufrimiento en la antesala de la muerte. ¿Qué hay que agradecer en ello?

7. Si todo falla, culpa a tus padres

En cierto sentido, una persona miserable es un niño en busca de afecto. Pero ese niño puede aprender también que sus errores no son suyos (y por tanto no hacerse responsable por ellos), sino que sus defectos y fallas son culpa de quienes nos criaron: los padres. No eres tú quien decide cada día el curso de tu propia existencia, sino que estás sobredeterminado por los errores de crianza de tus padres. Repite lo anterior varias veces al día y terminarás odiándolos verdaderamente (y nada mejor para una persona miserable que el odio gratuito).

8. No disfrutes de los placeres de la vida

¿Música, comida, paisajes naturales, arte? Esas son cosas superficiales para gente tonta que no sabe nada de la vida. Las personas altamente miserables saben que todo placer es transitorio y, de alguna forma, egocéntrico, pues son una distracción que no puede nunca compensar el miserable estado del mundo actual. Nada mejor que recordarse constantemente que el mundo es un lugar horrible, lleno de pobreza, enfermedad y devastación para echar a perder cualquier momento de placer.

9. Glorifica o sataniza el pasado

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, pero el pasado también es el lugar de las oportunidades perdidas, desperdiciadas o ignoradas. Si algún día experimentas placer con el estado actual de tu vida, recuérdate cuando no tenías dinero, cuando te divorciaste, cuando te despidieron de algún trabajo o te pusieron una mala nota en la escuela, sin importar que hayan pasado 20 años. “Los malos recuerdos son para siempre”, podría ser un buen eslogan para tener a la vista en cualquier situación.

10. Quéjate. Quéjate. Quéjate

Las personas miserables saben que la crítica podría abrir un fecundo espacio de diálogo: por eso se esfuerzan en permanecer en los lindes de la queja, que no es sino la expresión de su fascinante mente maestra para hallar algo negativo en cualquier situación. Las quejas funcionan también como recordatorios valiosos que los demás siempre estarán dispuestos a escuchar de ti: piensa que no hay nada más fascinante que escuchar a alguien quejarse sobre la política, el clima, sus relaciones o su trabajo. Por otra parte, quejarse tiene la ventaja de hacerte perder la oportunidad de generar en tu vida los cambios que podrían hacerte una persona menos miserable, además de ser un hábito que puede realizarse a solas o acompañado.

Tuesday, December 10, 2013

Tour por la feria

Tour por la Feria*
Publicado originalmente en WWW.ESTESUR.COM.MX


Con una exitosa campaña de difusión se inauguró la nueva feria Chiapas siglo XXI en Tuxtla Gutiérrez. Una gran oportunidad para acrecentar las ventas de los pequeños empresarios y comerciantes. Cinco pesos el costo de la entrada, al entrar le saludan,  ofrecen un folleto explicativo en materia de salud, regalan un condón y animan a que se cuide del SIDA.

 Breve introducción, salgo radiante con el condón en la bolsa, así si compro una diez o doce entradas. Quién sabe si en verdad resulte redituable para el Gobierno del Estado, lo cierto es que causa algarabía y escándalo. Llego y lo primero que pienso es : ¿qué diablos hago?. A mí que no me gusta la multitud, tuve que acompañar a mi alumnita de Organización Empresarial y Comercio Exterior, pues tenía que hacer una presentación en un stand de muestra gastronómica de Chiapas. Variedad de platillos típicos regionales del Estado. Por donde quiera que volteara había comida, de la buena, de la mala y de la otra. Desde las cinco de la tarde, la gente se arremolina y no escatima en pagar su diversión. Niños extraviados, solteros en busca de amor, etcétera. Mi intención era escabullirme, abandonar ese lugar.

En medio del bullicio ví a los voladores de Papantla, se trepan a un poste de más de veinte metros, y ahí amarrados de la cintura y pies, se sueltan de cabeza al vacío, mientras una persona se queda tocando el pito y el tambor en un pequeño cuadro arriba, sobre el poste. Me pregunto qué pensará aquel allá arriba, iluminado por las lámparas de los puestos de abajo e iluminado débilmente por la luna en el firmamento. Qué valor. Que pasión. Y Todo para que los presentes les entreguen unos pesos, tres o cuatro. Observé que hay remodelación de andamios, hay más espacios, suficiente para gatear, digo después de haberse ingerido unos cuatro pomos. Pienso que para una persona poco sociable como yo, el estar en la feria, es sinónimo de que algo anda mal.

 No hace falta ningún alucinante, pero estoy delirando, me cae. Cualquiera prefiere deambular en las conocidas calles de su barrio o leer sus viejos libros arrumbados sobre la historia del mundo, historias crueles y reales de nuestra sociedad civilizada. Vuelvo a la feria, el espectáculo de los animales con deformación genética, es llamativo. El presentador dice que son únicos, por ejemplo un gallo de tres patas, un gato que es mitad gato y mitad conejo y un buey con cuatro cuernos. Eso no es nada, yo conozco bueyes que ya ni se le pueden contar los cuernos que lleva. Ejemplo aparte.

Los bares prestos y dispuestos a hacerles vivir toda la euforia del preciado elixir. El clima es propicio para los encuentros furtivos. Son varias y varios los chicos y las chicas que andan a la caza de presas, panteras sigilosas, muñequitas místicas, chuchas en brama. De todo. Anochece y salen de diferentes partes, miles de miles. Mi instinto primario me dicta huir, pero otro, el secundario, obliga a quedarse. "A la tierra que fueres, haz lo que vieres".

Me dispongo a recorrer los diferentes puestos, algunos, no todos, hay desde piezas de madera y barro talladas en esculturas, tallados, pinturas, ropa y alcohol. (¡yupi!). El teatro del pueblo, títeres y payasos. Luego todo es venta de artículos vario, café con leche, leche con café, churros, botas, chicles. Me pierdo con entusiasmo, con locura, me pierdo y no se me antoja encontrarme.

La chica grupera, menos grupera que siempre. El clima es rico. Hay viento, el aire lleva de todos olores. Reviso mis bolsillos, únicamente servilletas, cinco pesos y mi nuevo amigo, el nuevo condón; lo saco, lo observo, lo huelo, me imagino si alguna vez lo llegaré a usar. Pienso como loco, si es que los locos piensan. Estoy ahora como un apache en Sams’ club. Me pregunto si no se notará mi cara de mascota recién comprada.

Nuevamente un río de gente me lleva, me trae, me arrastra. Camino, aspiro cada centímetro del sereno velo de la noche. Los juegos mecánicos dan vueltas infernales, con solo unas personas hacen fiesta. El griterío es enorme. 25 pesos x persona, por subirse. Quién piensa en aburrirse, les dan una somatada de aquellas y todavía les cobran. Los adultos felices con su cara de hormiga fumigada. Hay más. Luego los puestos de fritangas y antojitos, todos con su respectivo derecho a colera, incluido en el precio.

Quién piensa en los libros, que se acabe la intelectualidad, hay que estar con la mayoría, hay que ser pueblo. Es difícil resistirse a serlo. El espectáculo, el show, el placer nos redimirá. El concierto del grupo ELEFANTE, empezará por ahí de las nueve de la noche. Aún faltan cuarenta minutos. Carcamanes, mercachifles, mamarrachos, estafadores, merólicos, hacen su agosto en diciembre, llamando a los incautos, ofreciéndoles dinero fácil, Marías y Pedros le entran y apuestan a perder. A gusto entre la gente, vuelvo a ser un civil entre los civiles.

Con frío, mucho frío me acercó a un puesto de café, pido y tomo grandes sorbos. Regreso al centro del lugar, indiferente. A lo lejos y a lo cerca, canciones populares, suena la culebra, la del garrote, la bomba, etc...Sigue llegando gente, de todos colores y sabores, apachurritos y apachurrones. Entre el anonimato que ofrece la masa, aparece una muchacha como de diecisiete o 19, de clase media alta, a juzgar por su apariencia. Extravió su celular en el marasmo, está compungida, la acompañan otras tres, ella es la mejor, de buen porte, alta, morena, pelo corto, se reconoce, se le nota un carácter fuerte, extrovertido. (Uta. Psicoanalista que es uno).

 Aunque el bullicio es total, se escucha una voz fina y clara, sin presentación y sin preámbulos me informa que busca su aparato, si quisiera ayudar, me lo agradecería. No hace falta más y me pego con ella en la búsqueda, una odisea fantástica, por favor, encontrar un celular extraviado en la feria, ni que fuera cosa de todos los días, hace falta correr a todos y quedarnos a buscarlo tirado, o bien pasar báscula a todos, o que algún honrado, lo devuelva, en fin, ninguna ocurrió.

Se llama Katy, y sus amigas Perla, Marijose e Iris. Katy con su voz ronquita me pide que me una a ellas en el rondín, de acuerdo, voy, como de que no (ingue su). Vamos hacia la exposición de bueyes y de mula, me cuenta que es de Pichucalco y conoce algo de la materia puesto que sus abuelos son ganaderos, conoce de lo que habla, lo atestigua con facilidad cuando palmea el lomo de varios caballos. Yo aunque conviva con muchas mulas, no he aprendido a reconocerlas.

El concierto empieza, me sugiere ir, yo como buen aguafiestas, confieso ser enemigo de los shows masivos, espectáculos baratos y mediatizantes. Luego de mi choro, se van sus amigas y ella se queda a solas, a solas conmigo. Ni que decir, me domina el síndrome del fulanito inferior en un congreso de intelectuales. Cuál complejo. Agárrate, me toma de las manos, me atrae, me calienta, me aprieta. Juntos ya sin pena, me besa, que bendición. Escudriña mi boca con docta impaciencia. Me come... guau.

Bien por lo bien que me porté con ella. Le ofrezco llevarla a cenar, está a dieta, confiesa, mejor pienso. Vueltas y vueltas, ella y yo nos reímos subidos en un juego para niños, bueno, ella si lo es, yo ya no. Su risa es limpia, tierna; la mía es de triunfo, de placer.- ¿Bailas ?. -No. -Ni yo....

Los minutos pasan volando, el frío es nuestro mejor aliado, a cada rato me hace abrazarla, que rico. - Bueno platícame algo. - Al rato. No. Ya me cansé de todo, ya me quiero ir, con ella. Y esto va para largo. Ella esperará a sus amiguitas y a que lleguen por ella. Quihubole, un chasco, la niña resultó ser niña bien, pero lo disimula bastante. Me dispongo a salir al ruedo y acabar con una exitosa faena. Mi dios me bendice y me entrega a el placer. -¿Bailas ?. - Bueno, ya que insistes.

Dentro de la disco - bar, nos movemos como podemos, y vaya si podemos, el ambiente es superprendidisimo. Ahí todos están gozando. Yo también. Las dos de la mañana del Domingo, ni mencionar que tengo que trabajar el lunes. Gozo el momento. Los tigres del Norte, los tucanes de Tijuana, Julio Preciado, Ufff, puchale, ya hasta me sé las canciones. Bueno, no quiero que se acabe la cosa. Ella tampoco. Nos vamos, del gusto pasamos al susto. Son las tres de la mañana, le abrazo, me pide que me quede con ella, donde quiensabe, con tal de, no le hace que.

Me da gusto recordar como terminó todo. Por fin cumplí mi deseo, ser un ingrato con las damas, nada cortés, nada galante, simplemente un afortunado de las dadivas de las niñas. Para indicarme que está dispuesta a todo, pide que le toque el corazón, yo sé cuál. Su salivita en mi oreja, mis manos en sus piernas, caderas, muslos. Nos movemos, sin compás, cuál música, no imites, hazlo, callados nos vamos, guau. Quiero más. Se vale repetir. No cabe duda que la feria es para nosotros, hay que ir. Agradezco a el Lic. Gober precioso y todo su apreciable comité, al patronato de la feria, a mí, a ella, por haberme regalado esa experiencia, ahora si ya soy totalmente común. ¿El celular?. Quién sabe, si existió, lo olvidamos.

*Escrito hacia 2001, en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez Chiapas.