Wednesday, December 12, 2012

El tiempo


El olvido


¿Será que el olvido es igual que la muerte?

¿Será el silencio igual al olvido?


¿Es la muerte igual que el silencio?

El silencio a veces significa olvido, pero no muerte. El silencio es a veces una elección consciente y otras un fin, no una meta, pero si un destino.

He sabido de quien pierde el habla y la memoria a la vez, y para la mayoría de la gente se convierten en muertos vivientes, tristemente fantasmas.

Me entero que doña Rosi, tiene  pérdidas de memoria, podría pensarse que es natural, sin embargo para llegar a esa conclusión tendría uno que reparar en sus hábitos y características de esos hábitos, pues aunque frecuentes los casos son cada uno distinto.

Mi novia, planeó un día que compartiéramos un domingo, yo sé que me porté cortante  y me limité a saludar, pero no hice amistad. Yo me consideraba un hueso duro de roer.

El tiempo y sus devenires hicieron que se volviese mi cómplice, cuando aquejado por la ausencia y el rompimiento con su nieta, llegué a verla. Como iba con unas copas encima, me tranquilizó, me dijo que ella podía ser siempre mi amiga, que siempre pensara en ella como la persona que puede escuchar los desvarío de un tonto,  dijo: pase lo que pase, esta es tu casa, y no tengas preocupación, conmigo cuentas, porque somos amigos.

Doña Rosi, tiene una edad indeterminada, de esa edad en la que ya no se pregunta la edad, de ese tiempo en el que se sabe que es mayor, pero no tanto, porque si fuese tanto no estaría de pie, andando, yendo, viniendo y, trajinando.

Y sus trajines, más que físicos son mentales, pensar, pensar, pensar y más pensar, aunque diga que no, piensa en sus nietos, en los presentes y en los ausentes, piensa en sus negocios, en las deudas, en los deudores, piensa quizá en el pasado, quizá en los dilemas de los personajes de sus novelas de televisión.

Me han informado que ha tenido recurrentes muestras de pérdidas de memoria y me ha dejado pensativo. Apenas conviví con ella, casi por primera vez, gracias a la intervención de su nieta. Fue fantástico celebrar la vida, en una comida y una botana, con sus respectivas cervezas, de las que ella solo consumió dos, pues dijo que ya era suficiente: “una más y me dan las llaves del carro, que aunque no sé manejar, ya borracha se me antoja aprender”.

La noticia me ha anclado en una realidad distinta, y he recordado el vínculo quizá pequeño, pero vínculo al fin, el que se creó con ella.

Hace pocos años, digo podrían ser cinco, podrían ser más, o menos,  fui a solicitar que me consiguiese una entrevista con su nieta, de la que yo suspiraba (y suspiro),  no tuve que suplicar, ella se ofreció a interceder, aunque advirtiendo que ya mejor la dejara en paz, que ya no tenía caso y que ya viviera sin ella en mi corazón.

Fuimos a donde se encontraba mi princesa, solo que como tenía su Rey cerca,  ordenó resguardarme en una de las esquinas del castillo, tardó como diez o quince minutos, regresó y me dijo que no estaba y que tuvo que quedarse a hacer platica con quien estaba, para evitar que la visita se viese corta.
Ese momento, lo tengo tan nítido y lo tengo que agradecer.

Hoy la noticia me hace sentir solo.

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