Thursday, February 12, 2009

A DOBLE ESPACIO

Diario del Sur
11 de febrero de 2009
DIRECTOR GENERAL. TAPACHULA CHIAPAS

Enrique Garcia Cuellar.


Ni siquiera la razón o las leyes han demostrado ser más poderosas que el duopolio televisivo. Eso se debe a la enorme cobertura que la televisión abierta tiene entre la masa acrítica. Me explico: quienes forman la mayor parte, casi la totalidad, de la audiencia de la televisión abierta son seres con muy poca o nula preparación, receptivos aceptadores de mensajes absurdos, capaces de llegar al llanto motivados por los más manidos argumentos emotivos. Es, a la vez, la gran masa de votantes. Por lo tanto, es lógico concluir que la televisión abierta tiene en sus manos el poder de la elección, por lo menos a partir de esa hipótesis.

En la realidad eso no es cierto, pero el fantasma de la señal televisiva es tan monstruoso, que causa pánico en los políticos. De ahí que las televisoras ni siquiera tomen en cuenta la Ley Federal de Radio, Televisión y Cinematografía, mucho menos cualquiera otra ley, electoral, por ejemplo.

La cobertura de la televisión abierta es cuantitativa, no cualitativa. ¿De qué sirve, digamos, que un político llegue a veinte millones de televidentes simultáneamente, si a los electores ya les secuestraron su credencial, a cambio de doscientos pesos? De nada. Mucho menos si el abstencionismo roza el setenta por ciento. Entonces las televisoras pronuncian la palabra mágica: "imagen". Trabajan por la imagen del candidato, con mensajes que escurren demagogia, pero que, efectivamente, la masa acrítica los cree. Si creen en las telenovelas, mucho más en los anuncios del candidato. Y eso venden las televisoras, imagen.

Ahora el duopolio está enfrentado, con el miedo como escudo, a las instituciones mexicanas, debido a que les quitaron no la rebanada del pastel, sino el pastel completo del presupuesto electoral, pues se lo llevaban todo. Son miles de millones de pesos cuya pérdida ha desconsolado a los magnates de la televisión y, en respuesta, amenazan al Estado mexicano, que ha descuidado de manera formidable la educación de sus ciudadanos (la presencia de Elba Esther es la prueba más contundente de ello) y ahora se ha convertido en rehén de los medios televisivos abiertos, bajo el amago de no decirle a esa masa de seres sin educación, que aceptan todo, lo que al Estado mexicano le gustaría decir. Es una amenaza muy grave, desde la perspectiva del poder simple y llano, pero podría no significar nada desde la postura real, legal, valerosa y ética, con miras a construir un Estado nacional claramente representativo del pueblo; y fuerte, capaz de cambiar para mejorar, sin tener que recurrir a calificativos tímidos como ése de las "conductas atípicas de las televisoras". ¿Así o más miedosos?

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